En una contundente manifestación frente a la Cámara de Diputados, referentes gremiales y trabajadores se unieron para alzar la voz contra la prórroga de la emergencia hidrocarburífera.
Carlos Monsalvo dialogó con La Otra Mirada, exponiendo sin filtros el fracaso de las herramientas legislativas actuales, la alarmante caída en la contratación de personal y la alarmante desidia empresarial que hoy ahoga a la industria petrolera de la región.
El fantasma de la extorsión política
El rechazo a la prórroga de la emergencia hidrocarburífera no es un capricho gremial, sino el grito desesperado de un sector que comprueba cotidianamente cómo las leyes se promulgan de espaldas a los trabajadores.
Durante su paso por el programa La Otra Mirada, Carlos Monsalvo fue tajante al señalar que esta normativa carece de legitimidad real y utilidad práctica frente a la debacle desatada tras la salida de YPF.
“Creemos que es una herramienta que, por los propios dichos del ministro de Energía, no se utilizó o no sabemos de qué forma se aplicó, pero está claro que no ha tenido ningún efecto positivo frente a la crisis que arrastramos”, sentenció Monsalvo.
El trasfondo de esta medida destapa una sospecha aún más grave: la utilización de los marcos de emergencia como superpoderes discrecionales con fines estrictamente electorales. Lejos de reactivar los yacimientos, la flexibilización y la entrega de áreas a nuevas operadoras sin planes de inversión auditados ni paso previo por la Legislatura han convertido a la política energética en una maquinaria de extorsión que vulnera tanto a los desocupados como al empresariado local.
La urgencia de inversiones genuinas
La cruda realidad que atraviesan las cuencas se traduce en cifras alarmantes: cerca de 6.000 puestos de trabajo evaporados en toda la industria. Las nuevas operadoras que tomaron posesión de las áreas lo hicieron con planteles drásticamente reducidos, precarizando la labor y desatendiendo el impacto socioeconómico en las localidades.
Impacto insuficiente: La incorporación de equipos aislados de perforación resulta una medida meramente simbólica que apenas cubre una fracción mínima de la demanda laboral real.
Asimetría de beneficios: Mientras el Poder Ejecutivo nacional y provincial otorgan generosas reducciones en los impuestos a las exportaciones y alivios en regalías frente a un barril de petróleo cotizando por encima de los cien dólares, los trabajadores continúan soportando el peso del ajuste.
Decepción política: Monsalvo manifestó un profundo desencanto con la actual gestión gubernamental, evidenciando que las promesas de reactivación tras el cambio de administración quedaron reducidas a cenizas.
La advertencia lanzada desde La Otra Mirada es lapidaria: la provincia no necesita parches legislativos ni discursos vacíos, sino exigencias firmes de inversión directa y un Estado presente que obligue a las corporaciones a devolverle la dignidad a un pueblo petrolero que se niega a sucumbir.