El malestar en el seno de las Fuerzas Armadas argentinas ha comenzado a salir a la superficie, transformándose en una queja abierta que apunta directamente a la figura del presidente Javier Milei. En los pasillos de los comandos en jefe el sentimiento es unánime: hay un profundo enojo y una sensación de "destrato" institucional por parte de quien, por mandato constitucional, es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.
El detonante de este clima de tensión ha sido la agenda pública del mandatario, la cual —según describen fuentes del sector— evidencia una marcada desconexión con los ritos, la historia y la investidura de las instituciones militares del país.
El faltazo como patrón de conducta
La molestia no se funda en un hecho aislado, sino en lo que ya se percibe como una conducta sistemática. Los uniformados remarcan tres puntos críticos que consideran difíciles de justificar:
Ausencia en el Bautismo de Fuego: El pasado 1 de mayo, por tercer año consecutivo de gestión, el Presidente decidió no asistir a la ceremonia central por el aniversario del Bautismo de Fuego de la Fuerza Aérea Argentina, un hito sagrado para la fuerza por su actuación en la Guerra de Malvinas.
Plante a la Armada: Pocos días después, el jefe de Estado repitió la actitud al ausentarse, también por tercera vez consecutiva en lo que va de su mandato, de la ceremonia central por el Día de la Armada Argentina.
El contraste de la agenda internacional: Lo que más indigna en los cuadros militares es el contraste de prioridades. "Tiene tiempo para viajar cada pocos meses a los Estados Unidos a dar charlas de 15 o 20 minutos y recibir distinciones a título personal, pero parece no disponer de tiempo para encabezar los actos castrenses de máxima relevancia", señalan con dureza voces cercanas a la fuerza.
Federalismo bajo la lupa
A casi dos años y medio de haber asumido la presidencia, el reproche no solo es militar, sino también geográfico y político. Desde diversos sectores le recriminan a Milei una gestión fuertemente centralista y enfocada en la proyección internacional, en detrimento del territorio nacional.
"Hay provincias de su propio país que no ha visitado ni una sola vez", explican analistas de la defensa, sugiriendo que el desinterés por el interior se complementa con el desaire a las guarniciones militares ubicadas a lo largo y ancho de la Argentina.
Un llamado a la reflexión
Dentro de la Fuerza Aérea y la Armada consideran que el rol de Comandante en Jefe no es un título honorífico para los papeles, sino un cargo que exige presencia física, acompañamiento moral y respeto por la tradición que sostiene a los hombres y mujeres de armas.
"El Señor Presidente debería reflexionar en tranquilidad sobre ciertas acciones y comportamientos que son muy difíciles de justificar, incluso para los no fanáticos de la gestión actual", concluyen las fuentes consultadas, advirtiendo que el alineamiento geopolítico que pregona el Gobierno no se condice con el desapego que muestra hacia sus propias instituciones de defensa. La distancia entre la Casa Rosada y los cuarteles parece ensancharse cada vez más.