Hay silencios que la ciencia médica logra romper aun cuando la voz de la víctima ha sido apagada. En el caso de Ada Barrozo, el expediente que tramita en el juzgado de Caleta Olivia acaba de dar un vuelco definitivo gracias al rigor forense. Lo que durante semanas la defensa del único imputado intentó sostener como un trágico accidente doméstico o un procedimiento falaz de reanimación, quedó al descubierto como un ataque feroz, intencional y metódico.
La clave del giro de la causa se encuentra en el informe de la segunda autopsia realizada por el cuerpo de peritos forenses de Río Gallegos, luego de que la querella y la fiscalía impulsaran la exhumación del cuerpo ante la insuficiencia de los datos recolectados en el examen preliminar. El resultado de este nuevo estudio, plasmado en un exhaustivo documento de 20 páginas, no solo ratificó la brutalidad de las lesiones previas —nueve costillas fracturadas, laceraciones hepáticas y la perforación de ambos pulmones—, sino que sacó a la luz una prueba irrebatible: la fractura del hueso hioides, la pequeña estructura hioidea ubicada en el cuello cuya rotura es el sello inequívoco de la asfixia por estrangulamiento manual.
En diálogo exclusivo con La Otra Mirada, por Radio Urbana 94.1 FM, la abogada querellante Pamela Pérez detalló el impacto técnico y procesal del hallazgo: "Esta lesión habla de una compresión cervical por maniobras de estrangulamiento, o sea, una asfixia mecánica. Pero también de otros dos mecanismos más: la compresión toracoabdominal, que hablaría de un aplastamiento por compresión externa, y las lesiones traumáticas previa o simultáneamente sufridas".
La caída de la coartada
El dictamen echa por tierra la versión que el acusado pretendió instalar desde sus primeras declaraciones indagatorias. En un intento por eludir la máxima pena del Código Penal, el hombre afirmó haberle practicado maniobras de RCP a la víctima y argumentó que, debido a su contextura física y a su peso, la había aplastado accidentalmente en un contexto de intimidad.
Las conclusiones médicas desarman punto por punto ese relato. Para la querella, el informe forense es la piedra angular que consolida la acusación por dolo directo de matar: "Esto tira por tierra cualquier tipo de defensa porque los datos son bastante reveladores e irrebatibles, a pesar de que la familia del imputado y él todo el tiempo ponían en tela de juicio el mecanismo atacando a la familia de Ada y a mí", enfatizó Pérez durante la entrevista radial, remarcando la crudeza con la que la hija de la víctima, Vale, y su hermana debieron enfrentar la lectura de las 20 páginas del informe.
El recorrido judicial no estuvo exento de escollos. En los primeros momentos de la investigación, la causa amenazaba con encauzarse bajo la figura de homicidio culposo, una tipificación benevolente que habría abierto la puerta a una excarcelación ordinaria.
"Nuestra teoría del caso era que era imposible que ese hecho se haya cometido de manera culposa. Claramente hubo un dolo, una intención, porque si no, no hubiera podido tener las lesiones que tenía el cuerpo de Ada, lo que ahora se termina ratificando", explicó la letrada sobre el cambio de carátula a femicidio, logrado en el límite del plazo procesal previo a la resolución de la situación del acusado.
La trama oculta de la violencia
Con la mecánica del hecho virtualmente esclarecida a la espera del informe final de la perito criminalística, la investigación apunta ahora a reconstruir el entramado de violencia sistemática que precedió al desenlace fatal. Para ello, la querella solicitó la realización de una autopsia psicológica, una herramienta pericial clave para determinar las dinámicas de sometimiento, aislamiento y control a las que Ada estaba sometida.
"Queremos acreditar el contexto de violencia de género anterior", señaló la abogada. "Pudimos constatar a través de testimonios de amigas, familiares y compañeras de trabajo que ella sufría violencia, que en algunas oportunidades no llegaba a hora al trabajo porque el imputado no la dejaba salir o le veían lesiones en los brazos".
La investigación económica también aporta un móvil claro dentro del expediente. Mientras Ada contaba con un empleo formal y un ingreso regular, el imputado carecía de estabilidad financiera y dependía de las exigencias constantes de dinero hacia la víctima. Los testimonios incorporados y el levantamiento de los registros bancarios dan cuenta de episodios de fuerte agresividad verbal y manipulación cada vez que ella intentaba fijar un límite al sostenimiento económico del acusado.
Sumado al análisis de los dispositivos móviles secuestrados en la escena del crimen —cuyas pericias informáticas buscan recuperar los últimos mensajes cruzados entre ambos—, la instrucción entra en su fase de cierre. Con el plexo probatorio casi completado y la evidencia científica en el centro del expediente, la querella se prepara para formular el requerimiento de elevación a juicio oral, donde buscarán la máxima pena para el femicida.