El obispo Miguel Ángel D'Annibale presidió el tradicional Te Deum en la capilla del Obispado, en donde se leyó el Evangelio de San Marcos (10, 35-45)
En su homilía titulada "Gobernar con diálogo, verdad y opción por los pobres", Monseñor expresó lo siguiente:
"El 25 de mayo de 1810 comienza a ejercer sus funciones el primer gobierno patrio. Este paso tan importante para constituir nuestra patria se dio en medio de muchas dificultades y de diversos puntos de vista sobre cómo actuar ante los acontecimientos que sucedían en del otro lado del océano".
"Gracias a la valentía y decisión de algunos hombres de mayo la Primera Junta de Gobierno jura un día como hoy".
"Celebrar un nuevo aniversario de la “gesta de mayo”, en la que nació el primer gobierno de la patria, nos invita a reflexionar sobre la tarea de gobernar".
"Para poder avanzar en esta reflexión primero los invito a dejarnos iluminar por el pasaje evangélico que recién escuchamos donde Jesús, con mucha paciencia, le enseña a quienes comparten su vida, los Apóstoles, como se ejerce la tarea de gobernar".
"La ambición de poder aparece en los colaboradores directos de Jesús".
"Después de su resurrección, el Señor los pondrá al frente de las diversas Iglesias donde el evangelio va a ser anunciado. Por eso debe corregir ese afán de poder indicándoles el modo de estar al frente de una comunidad: “El que quiera ser el primero que se haga el servidor de todos”.
"Al que se la asignado la tarea de gobernar, como uno de los momentos más altos de la política democrática, se le ha asignado una altísima vocación".
"Gobernar es una de las formas más preciosas de la caridad, del amor, del servicio, porque es buscar el bien común".
"A veces pensamos que la caridad debe darse sólo en las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo social al que pertenecemos".
"Sin embargo la verdadera caridad es la que se da también en las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas".
"Hoy, al celebrar un nuevo aniversario del Primer Gobierno Patrio, y en este clima de reflexión que nos permite este ámbito del Te Deum los invito a preguntarnos: ¿Cómo ejercer hoy y en este contexto que nos toca vivir esta forma preciosa de la caridad que es gobernar?
Me permito sugerir tres opciones imprescindibles:
1. Abrirse siempre al diálogo
A través del diálogo el que gobierna aprende a ver que el otro no es una amenaza, sino un don de Dios, que nos interpela y pide ser reconocido.
Dialogar ayuda a las personas a humanizar las relaciones y a superar las incomprensiones.
¡Si hubiera más diálogo - diálogo verdadero - en las familias, en los ambientes de trabajo, en la política, se solucionarían más fácilmente muchas cuestiones!
Si no hay diálogo aumentan los problemas, los malentendidos, las divisiones.
El diálogo requiere siempre capacidad de escucha, ya que que el que sabe escuchar, escucha a Dios y a los hermanos necesitados, y de este modo se crean puentes de comunicación.
La actitud de escucha, de la que Dios es modelo, nos impulsa a derribar los muros de las incomprensiones, a crear puentes de comunicación, superando el aislamiento y la cerrazón en nuestro mundo pequeños.
El gobernante a través del diálogo y de la escucha ayuda a construir un mundo mejor, haciendo que sea lugar de acogida y respeto, contrarrestando así las divisiones y los conflictos.
2. Buscar con pasión la verdad
El elegido para gobernar tiene una especial obligación de tender continuamente hacia la verdad, de respetarla y atestiguarla responsablemente.
Vivir en la verdad tiene un importante significado en las relaciones sociales: la convivencia de los seres humanos dentro de una comunidad cuando se funda en la verdad es ordenada, fecunda y conforme a la dignidad de las personas.
Las personas y los grupos que conforman la sociedad cuanto más se esfuerzan por resolver los problemas sociales según la verdad, tanto más se alejan del arbitrio y se adecúan a las exigencias objetivas de la moralidad. De ahí que el gobernante debe aportar con su tarea cotidiana a este fin.
Nuestro tiempo requiere una intensa actividad educativa y un compromiso correspondiente por parte de todos, para que la búsqueda de la verdad, que no se puede reducir al conjunto de opiniones o a alguna de ellas, sea promovida en todos los ámbitos y prevalezca por encima de cualquier intento de relativizar sus exigencias o de ofenderla.
3. Hacer una clara y sostenida opción por los más pobres
El que aceptó la tarea de gobernar tiene que tener muy claro que está llamado a ser instrumento de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que sea dócil y atento para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo.
Este compromiso no consiste exclusivamente en acciones o en programas de promoción y asistencia; no es un desborde activista, sino ante todo una atención puesta en el otro «considerándolo como uno consigo».
Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación por su persona, a partir de la cual deseo buscar efectivamente su bien.
Esto implica valorar al pobre en su bondad propia, con su forma de ser, con su cultura, con su modo de vivir la fe. El verdadero amor siempre es contemplativo, nos permite servir al otro no por necesidad o por vanidad, sino porque él es bello, más allá de su apariencia.
El pobre, cuando es amado, es estimado como de alto valor, y esto diferencia la auténtica opción por los pobres de cualquier ideología, de cualquier intento de utilizar a los pobres al servicio de intereses personales o políticos.
Sólo desde esta cercanía real y cordial podemos acompañarlos adecuadamente en su camino de liberación.
Hoy estamos necesitando políticos y gobernantes que amen y sean verdadero servidores de su pueblo, es decir que les duela de verdad la sociedad, el pueblo y la vida de los pobres. Es imperioso que los gobernantes y los políticos, así también como los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos, y especialmente para los más pobres y excluidos.
¿Y si los gobernantes se animan y acuden a Dios para que inspire sus planes?
Una verdadera y sincera apertura a Dios, a Jesucristo Resucitado, puede formar una nueva mentalidad política y económica que ayudará eficazmente a construir una verdadera patria de hermanos como la soñaron nuestros próceres en el Primer gobierno patrio.
Que el Señor derrame una abundante bendición sobre nuestra querida Argentina, pero especialmente sobre los que tenemos la tarea de gobernar en los diversos ámbitos de la sociedad, para que podamos construir juntos una verdadera patria de hermanos.