RECLAMAN CELERIDAD
Jueves, 8 de octubre de 2020
“Si yo te cuento, vos no me vas a creer”
Fueron las palabras de una adolescente, que decidió contarle a su madre, Vanina S. el abuso que sufría por parte de un familiar cercano.
La organizadora de la marcha que llevó adelante este miércoles, solicitando la celeridad de las causas, a la justicia, Vanina S. habló con la 94.1, expresó: “Somos varias mamás que esperamos respuestas por parte de la justicia, varias familias, varios niños. Muchos no asisten, pero apoyan a través de mensajes, quizás porque tienen miedo. Es impresionante la cantidad de criaturas, de chicas de quince, o de dieciséis años, que nos han contactado, que nos han contado sus versiones, y tienen miedo, o porque viven con una abuela, o porque los padres los abandonaron, o porque no les creen”.
Vanina explicó que muchas mujeres se comunicaron con ella y le manifestaron que en ciertas ocasiones: “el abusador se encuentra a dos cuadras de la casa de la víctima, y los chicos no pueden salir ni a la vereda a jugar. La verdad, que hasta que uno no pasa por algunas cosas, no se interioriza tanto. Todos sabemos que hay cosas que existen, que pasan, que antes se ocultaban muchísimo y que hoy se ve mucho más, porque las chicas están más decididas a hablar, pero jamás me imaginé que eran tantos, que era tanta la cantidad y tanto lo que uno tiene que esperar, a veces”, recordando que “Hay una mamá que lleva esperando seis años, y todavía no tiene respuestas”. Sabiendo que finalmente el abusador alcanzará la edad avanzada, la víctima terminan tomando determinaciones drásticas.
“Me decían que estaba entrando en una nueva etapa”
Esta madre narró lo que vivía actualmente su hija “tuvo dos intentos de suicidio el año pasado, en el mes de Mayo”. Algo que preocupó a todos: “Pensamos que era por otra cosa. Mi hija ya había empezado, más o menos, cuando iba a sexto, séptimo grado, con unas actitudes medio raras, pero bueno, los psicólogos me decían que era por la edad, que estaba entrando en una nueva etapa, pre adolescencia y demás, bueno. Ella nunca me mostró, nunca me pidió auxilio y yo, lamentablemente, con el dolor de mi alma, no puedo entender cómo no me di cuenta”, se lamentó S.
Un mes después se cumpleaños de la adolescentes, ésta le contó a Vanina, “y lo primero que me dijo es – si yo te cuento, vos no me vas a creer-. Me arrodillé y le aseguré que iba a creer”, añadiendo que “Nunca imaginé como su propio abuelo, las pudo tocar así y de esa manera, no solamente a mi hija, a mi sobrina también”.
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