Dos países, dos realidades
La grieta hoy no es política, es térmica. Mientras en el AMBA y el Litoral no saben qué más hacer para escapar del sol, acá los galleguenses salimos a la calle con la camperita "por las dudas" y el viento del oeste nos pega ese soplido de cara que te despierta más que un café doble.
Con una máxima que apenas rozará los 17°C, Río Gallegos se consolidó hoy como una de las ciudades más frías de Argentina. Para un porteño, esto sería un julio crudo; para nosotros, es un martes ideal para meterle pata al laburo sin transpirar la camiseta (literalmente).
El viento: nuestro eterno acompañante
Como si la temperatura baja no fuera suficiente para marcar territorio, las ráfagas de hasta 59 km/h terminan de completar el paisaje. No hay peinado que aguante ni sombrilla que sobreviva, pero es parte de nuestro ADN.
Al final del día, muchos vecinos coinciden: prefieren mil veces este "fresquito" patagónico que te permite dormir de noche, antes que los 38 grados que no te dejan ni respirar en el norte. Eso sí, la pregunta de siempre sigue flotando en el aire de la ría: ¿Cuándo llega el verano de verdad o ya pasó?