A las nueve de la mañana, comienza a llegar el primer turno de vecinos dispuestos a recibir la vacuna contra el COVID-19 en el vacunatorio municipal montado en el gimnasio 17 de Octubre, pero la tarea comienza mucho antes de esa hora.
Muy temprano, Estela Tureo prepara la logística del día: revisa las conservadoras de traslado y las placas eutécticas cuya función es mantener el frío; realiza pruebas de estabilidad, es decir, controla que la temperatura sea la correcta durante determinado tiempo en la conservadora; y chequea que todos los elementos puedan garantizar que no se corte la cadena de frío durante el traslado.
Las dosis, cualquiera sea su marca, se encuentran almacenadas en el Hospital Regional desde donde se coordina la entrega a cada centro vacunatorio. Hacia allí va Estela, jefa de enfermería de la Municipalidad de Río Gallegos, que se responsabiliza de todo el proceso hasta que la vacuna llega al box de aplicación.
Cabe señalar que las vacunas son medicamentos termolábiles y para garantizar su eficacia protectora, dentro de los programas de inmunización, es imprescindible mantener la cadena de frío.
“El primer paso es preparar una conservadora con paquetes eutécticos que tienen un gel de distintos componentes que en su punto de congelación proporcionan una protección térmica avanzada y mantiene una temperatura constante. Cuando se logra la temperatura necesaria (-25 grados en el caso de la Sputnik) se valida y empieza la logística”, explica Estela, agregando que “en el Hospital se coloca en la conservadora, en cuestión de segundos se cubre con estos paquetes y se traslada al gimnasio, donde también en cuestión de segundos se traspasa de la conservadora al freezer especial”.
Allí se mantienen las dosis hasta que inicia el proceso de vacunación. La Municipalidad dispone en el lugar de tres freezer, uno con características domiciliarias donde se pueden mantener las vacunas Sinopharm y Covishield, que requieren de una temperatura de 2 y 8 grados, otro para realizar el congelamiento de los paquetes eutécticos y otro para la conservación de la Sputnik, estos dos últimos tienen capacidad para mantener temperaturas cercanas a los 30 grados bajo cero.
“Cada marca de vacuna tiene procesos distintos y logísticas distintas para no perder la cadena de frío. Este proceso es importante para que la gente sea inmunizada y que se conserven las vacunas a la temperatura correcta”, agregó.
Una vez que la vacuna se encuentra en el freezer correspondiente, se hace el cálculo de dosis que son necesarias para la vacunación (de acuerdo a turnos otorgados, presencia de vecinos listos para vacunarse y horario del día) y la propia Estela se encarga de llevar los frascos hasta cada box de aplicación.
Todo este proceso es seguido con planillas, queda registrado y cada etapa cuenta con distintos controles, por lo que el procedimiento es totalmente seguro tanto para mantener la temperatura como la integridad y eficacia de cada vacuna aplicada.
El traslado hacia los box lo realiza Estela con una conservadora manual, de menor tamaño, que es preparada previamente con un proceso similar al mencionado, siempre dependiendo de las características de la vacuna que se esté aplicando en esa jornada.
Un caso particular ocurre con al Sputnik, que al requerir un nivel de frío mayor al de las demás, también necesita un tiempo de ambientación previo a la aplicación: “para la inmunización de los pacientes se procede a la descongelación manual que dura entre dos y siete minutos, tras lo cual se realiza la aplicación. Según el protocolo, deben usarse dentro de las dos horas subsiguientes”, explicó la profesional. Esta descongelación la realizan los vacunadores, a quienes es frecuente verlos con las manos en forma de nido, dando temperatura a los frascos con dedicación y conscientes de la importancia de la tarea asignada.
Luego, cuando el vecino recibe la dosis, termina el largo camino de la vacuna, que comenzó Estela en la madrugada.
Este proceso se reitera todos los días y se hace siempre con el mismo profesionalismo y dedicación, y con estrictos controles. La emoción de las personas vacunadas, las lagrimas, la alegría, las “selfies”, los abrazos con sus familiares, todo ello es para Estela un testimonio del trabajo realizado y un incentivo para volver a empezar mañana, cuando nuevamente suena el despertador a la madrugada.