Mientras en los despachos oficiales de Río Gallegos se debate la letra chica de una Ley de Emergencia y se culpa a los gremios por la falta de acuerdos, la realidad en las derivaciones de la Caja de Servicios Sociales (CSS) en Buenos Aires roza el abandono humanitario.
En las últimas horas, se viralizó el crudo relato de Gabriela, una afiliada que se encuentra en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires acompañando a su hijo en un tratamiento médico. Su testimonio pone al descubierto las falencias de la Casa de Santa Cruz y el sistema de asistencia al derivado.
"No es justo, nosotros aportamos"
"Es un desastre lo que estoy viviendo", relató Gabriela con indignación. Según su denuncia, el Gobierno provincial entrega una tarjeta destinada a cubrir los gastos de alimentación, pero la misma "nunca está habilitada".
El monto asignado, de apenas 3.000 pesos por persona, ya resulta irrisorio frente a la inflación descontrolada que golpea la canasta básica en Buenos Aires. Sin embargo, el problema se agrava cuando ni siquiera ese mínimo recurso está disponible.
"Gracias al hotel donde estoy, que hay excelentes personas, estamos comiendo sándwiches de jamón y queso", confesó la madre, evidenciando que la subsistencia de los pacientes depende hoy más de la caridad de terceros que de la cobertura del Estado.