CRÓNICA DE UN INGRESO A OSCURAS
Domingo, 28 de junio de 2026
Motín en la Comisaría Primera de Pico Truncado
Barricadas, amenazas de incendio y un fuerte enfrentamiento cuerpo a cuerpo en penumbras marcaron la madrugada en la alcaidía. Catorce internos se atrincheraron tras resistirse al cierre de celdas posterior al partido de la Selección Argentina.
Una noche que debía transcurrir en calma tras una flexibilización horaria excepcional derivó en horas de extrema tensión, un violento motín y un posterior ingreso táctico a oscuras por parte de las fuerzas especiales en la División Comisaría Primera de Pico Truncado.

El conflicto se desató pasadas las 12 de la noche, justo en el momento en que finalizaba el partido de la Selección Argentina. Las autoridades de la dependencia habían otorgado un permiso especial extendiendo el horario de esparcimiento en el hall central para que los 13 o 14 internos alojados compartieran el evento deportivo. Sin embargo, apenas sonó el silbato final, la atmósfera festiva se quebró por completo: una feroz gresca estalló entre los reclusos, terminando con un interno gravemente golpeado y expulsado a la fuerza del pabellón por sus propios compañeros de celda.

"Nos vamos a prender fuego juntos"
Cuando el oficial de servicio interno intervino de urgencia para rescatar al recluso herido y ponerlo a salvo, se encontró con una rebelión en marcha. Al dar la orden de reingresar a los calabozos para proceder al tradicional "engome" (cierre de seguridad de las celdas), la población penal cerró filas en una rotunda y violenta negativa.

De los insultos se pasó rápidamente a las amenazas de muerte y de destrucción generalizada. Los amotinados advirtieron a los uniformados que no intentarían negociar y que estaban decididos a prender fuego el edificio —y a cualquiera que intentara ingresar— si la guardia avanzaba. La situación escaló a un punto crítico en pocos minutos, transformando los pasillos de la alcaidía en una auténtica zona de conflicto.

En la oscuridad
Ante la inminencia de un siniestro de proporciones, la jefatura activó de inmediato el protocolo de crisis. La primera medida táctica fue drástica: cortar por completo el suministro de gas natural y la energía eléctrica de todo el sector penal para neutralizar cualquier intento de ignición intencional. La sección quedó sumida en un silencio tenso y en una oscuridad total.

Mientras los Bomberos desplegaban sus líneas de agua de forma preventiva en el exterior y la Guardia de Infantería —al mando del Comisario Rolón— blindaba los accesos, los amotinados aprovechan la penumbra para levantar barricadas pesadas utilizando mobiliario, camas y elementos contundentes, bloqueando los puntos de acceso principales para impedir de forma definitiva la entrada policial.

El ingreso de las fuerzas recuperadoras fue directo. En una fila de asalto en la que participó en primera línea el propio Segundo Jefe de la Regional Zona Norte, el Comisario Inspector Alejandro Gutiérrez, los efectivos debieron derribar los obstáculos a ciegas. Adentro, se encontraron con una resistencia activa que derivó en un violento enfrentamiento cuerpo a cuerpo en el pasillo de salubridad.

En medio de la oscuridad y el desorden de los elementos amontonados, el personal policial tuvo que ejercer la fuerza física indispensable para reducir de a uno a los manifestantes y recuperar el control del sector. Cabe destacar que, a pesar de la violencia del choque, ningún efectivo de la Comisaría ni de la Guardia de Infantería resultó herido.

El saldo de la revuelta
Si bien el despliegue táctico impidió que los internos lograran iniciar el fuego, el uso de la fuerza dejó secuelas físicas evidentes en varios de los revoltosos producto de los golpes durante el impacto táctico. Una vez recuperado el control de cada calabozo, la totalidad de los internos amotinados debió ser trasladada bajo estricta custodia hacia el sector médico para certificar el tipo y la gravedad de las lesiones sufridas.

A raíz de la extrema agresividad del motín y el peligro de que las estructuras e internas quedaran resentidas, las autoridades de la zona norte comenzaron a coordinar de urgencia el traslado de los cabecillas de la revuelta hacia dependencias y alcaldías de otras localidades de la provincia para desarticular futuras réplicas y aliviar el hacinamiento crónico que sufre la institución. El caso ya está bajo investigación directa de los magistrados judiciales locales.
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