El clima no da tregua en Río Gallegos. Tras soportar intensas nevadas y temperaturas extremas bajo cero, los policías retirados y pensionados de Santa Cruz enfrentan ahora la persistente lluvia invernal. Aunque la carpa instalada frente a la Jefatura de Policía resiste firme sin inundarse y el viento dio un breve descanso, el frío húmedo penetra con violencia en el refugio improvisado donde adultos mayores cumplen ya 69 días continuos de acampe.
La falta de viento no trae alivio; por el contrario, acentúa el silencio de las autoridades provinciales. Mientras el agua cae sobre la lona y el barro rodea el lugar, la respuesta del Gobierno que encabeza Claudio Vidal sigue congelada en la indiferencia.
La trampa burocrática
El reclamo, no exige un beneficio extraordinario ni un privilegio salarial. Exige simplemente que se aplique el aumento otorgado en paritarias al personal activo, tal como lo establece la legislación vigente para el sector pasivo.
Sin embargo, una acordada interna de la Caja de Previsión Social (CPS) —heredada de la gestión anterior pero sostenida por la actual— frena el pago al considerar el ajuste como un ítem no aportado previamente. Mientras la vocal por los pasivos, Viviana Carabajal, insiste en el directorio de la Caja para destrabar el cálculo e igualar el haber con el personal en actividad, la decisión política de fondo sigue demorada en el Ejecutivo.
"La carpa aguanta, resiste la lluvia como resistió la nieve. Lo que no aguanta más es la salud de los camaradas. No venimos a incomodar a nadie ni a pedir nada fuera de la ley; pedimos que nos paguen lo que nos corresponde para poder volver a nuestras casas con nuestras familias y nietos", remarcó Varela.
Salud al límite y abandono de la obra social
La ausencia de ráfagas de viento ha permitido mantener la estructura en pie, pero el verdadero enemigo de los retirados es la exposición prolongada a la humedad y a las bajas temperaturas. La situación sanitaria dentro de la protesta es crítica:
Falta de cobertura médica: Con la Caja de Servicios Sociales (CSS) cortada o con severas restricciones en las farmacias locales, los jubilados deben apelar a la solidaridad comunitaria para conseguir medicamentos esenciales, desde insulina hasta remedios para la presión arterial.
Adultos mayores en la intemperie: La mayoría de los retirados son de edad avanzada con problemas de salud crónicos que pasan día y noche sobre el asfalto.
Malestar de fondo en la fuerza: La precarización también alcanza a los efectivos activos, quienes prestan servicio con uniformes desgastados o comprados de su propio bolsillo, en dependencias que sufren graves fallas de infraestructura y calefacción.
La dignidad intacta
A pesar de los 69 días de desgaste, los retirados mantienen la disciplina que los acompañó durante sus años de servicio. Cada mañana, con puntualidad, se hacen presentes frente al mástil institucional para acompañar el pabellón nacional. Sin embargo, la postal de la ceremonia cambió drásticamente desde que se instaló la carpa: antes del reclamo, al izamiento matutino acudían en persona el Gobernador, el jefe de Gabinete, el ministro de Seguridad y la cúpula policial completa. Hoy, para evitar el contacto directo y esquivar la mirada de los retirados, las máximas autoridades provinciales dejaron de salir al mástil, haciendo realizar el protocolo sin la presencia de sus funcionarios.
El pedido hacia la Gobernación dejó de ser una discusión puramente técnica para transformarse en un clamor humanitario urgente. Ningún servidor público que dedicó su vida a cuidar a la comunidad debería verse obligado a pasar el invierno bajo una lona para cobrar su haber jubilatorio completo.
Entre el goteo constante de la lluvia y la ausencia de respuestas oficiales, los retirados de la Policía de Santa Cruz sostienen la guardia. La carpa sigue en pie, resguardando la dignidad de un colectivo que no pide limosnas, sino la simple justicia de volver a su hogar.