El conflicto policial en Santa Cruz sumó un capítulo de alta tensión política en las últimas horas. En un intento por contener el malestar de la fuerza y frenar la profundización de las medidas de protesta, el ministro de Seguridad, Pedro Prodromos, bajó en el puesto de control de la Policía Caminera en Güer Aike antes de continuar su viaje hacia Caleta Olivia. Sin embargo, la estrategia de contención oficial no salió como el Ejecutivo esperaba.
Acompañado por Carrillo, jefa de Caminera, el titular de la cartera de Seguridad intentó un acercamiento directo con el personal de base apostado en el neurálgico puesto vial.
El objetivo central era claro, convencer a los efectivos de levantar la medida. Para ello, el funcionario puso sobre la mesa una carta económica de cara al futuro: la promesa de un plus salarial para todo el personal de la Policía Caminera.
Una promesa sobre el aire
El núcleo del ofrecimiento ministerial radica en la recaudación que generará el futuro Juzgado Provincial Administrativo de Infracciones de Tránsito. Según los argumentos que el ministro expuso ante los uniformados, el funcionamiento de esta nueva estructura judicial permitirá derivar un porcentaje de las multas de las rutas santacruceñas directamente al bolsillo de los agentes viales.
El principal escollo de la propuesta oficial, y lo que encendió el escepticismo de los trabajadores, es que se trata de un incentivo atado a un órgano que todavía no está operativo.
En un contexto de asfixia salarial y reclamos inmediatos, la promesa de fondos futuros basados en un sistema que aún debe implementarse no hizo más que profundizar la desconfianza del personal de base.
Un revés político en la ruta
Fuentes cercanas al lugar señalaron que el intento del ministro de "ganar la tribuna" y aplacar los ánimos fracasó rotundamente. Lejos de ceder ante el anuncio, los policías de la Caminera plantaron postura, expusieron con crudeza las carencias actuales y la urgencia de soluciones reales, dejando al funcionario en una posición de extrema incomodidad.
Tras el tenso cruce, donde las promesas de la comitiva oficial no lograron torcer el brazo de los efectivos en huelga y asistencia, el ministro debió retirarse del puesto de control para continuar su hoja de ruta hacia la Zona Norte, dejando en evidencia la complejidad de un conflicto donde las respuestas a largo plazo ya no alcanzan para contener el malestar de las bases.