La firma del Decreto N 0660/26 no solo marc el fin formal de las negociaciones en el Consejo del Salario Policial, sino que dej expuesta la principal falencia de la gestin provincial: la incapacidad de construir consensos en momentos de alta tensin social. Ante la falta de acuerdo con los representantes de las fuerzas de seguridad, el Poder Ejecutivo opt por la va ms corta y autoritaria: la imposicin unilateral de una pauta salarial y la clausura anticipada de la mesa de debate.
Deslegitimar el reclamo
Lejos de asumir el costo poltico de una paritaria fallida, la estrategia del Ejecutivo consisti en apuntar contra la representacin de los trabajadores. Desde las esferas gubernamentales se acus severamente a los referentes del Consejo del Salario de sostener una postura "desmedida e irrazonable", sealando que las pretensiones de la mesa buscaban nicamente elevar el haber de un agente recin ingresado a cifras insostenibles para las arcas provinciales.
Bajo ese argumento, el discurso oficial pretendi trasladar la responsabilidad del estancamiento a los propios policas, sugiriendo que la exigencia de un piso salarial digno para quien recin se incorpora a la fuerza pona en riesgo el equilibrio financiero de la provincia. Sin embargo, la maniobra dej al descubierto una seria limitacin de la gestin: la sustitucin de la negociacin poltica por la estigmatizacin del reclamo.
De la mesa de dilogo al "decretazo"
El paso de las rees paritarias a la redaccin del decreto evidencia el agotamiento prematuro de las herramientas diplomticas del Gobierno. Al no lograr inclinar la balanza a su favor ni convencer a los vocales de la fuerza sobre la conveniencia de la oferta, el Ejecutivo recurri a la firma del Vicegobernador a cargo del Despacho para sellar el aumento por acto administrativo.
Esta decisin no solo anula el espritu con el que fue creado el Consejo del Salario, sino que profundiza el malestar en las bases operativas. Al eliminar de un plumaje seis suplementos vinculados al riesgo, la especificidad y la tarea operativa en el territorio para reemplazar con montos fijos y un presentismo severo, el Gobierno envi un mensaje contundente: quien no acepta las condiciones del Estado, las recibe por imposicin.
Un conflicto no resuelto, sino aplazado
Lejos de calmar las aguas, la oficializacin del Decreto N 0660/26 instala una peligrosa calma chicha. La incapacidad para encontrar un punto medio con los representantes de la fuerza deja abierto un escenario de descontento latente dentro de la institucin policial.
Cerrar el dilogo sealando con el dedo a quienes defienden el sueldo del eslabn ms bajo de la jerarqua (el agente ingresante) puede resolver la liquidacin del mes en los papeles, pero confirma la fragilidad de un Gobierno que prefiere el monlogo del boletn oficial antes que la complejidad del acuerdo social.