El entramado comercial y de servicios de la provincia atraviesa un temblor destructivo. En menos de un mes, la multinacional Carrefour bajó las persianas de su sucursal céntrica en Río Gallegos, mientras que la red de farmacias Autofarma consumó el cierre definitivo de todas sus dependencias en Santa Cruz y Tierra del Fuego, dejando salarios adeudados, aportes impagos y farmacias completamente vaciadas.
En ambos escenarios, el eslabón más débil volvió a ser golpeado. Pero a la angustia de perder el sustento diario se le sumó una sensación aún más amarga para los damnificados: la certeza de la absoluta orfandad sindical.
Carrefour: ni telegramas de despido ni presencia de la conducción
La modalidad del cierre de la sucursal de Carrefour sobre la avenida Néstor Kirchner rozó la informalidad absoluta. Los trabajadores no solo se enteraron de la pérdida de sus puestos al encontrarse sorpresivamente con las persianas bajas, sino que hasta el día de hoy ni siquiera han recibido los telegramas formales de despido por parte de la multinacional, quedando en una grave situación de indefensión y limbo legal.
Tras este atropello, la respuesta hacia los 40 trabajadores no provino de las cúpulas gremiales. Aunque la Secretaría de Trabajo dictó la conciliación obligatoria —garantizando provisoriamente el pago de haberes—, la presencia de la conducción sindical en la calle y en el acompañamiento diario fue prácticamente nula.
Fueron los propios empleados cesanteados, junto a delegados de base y familiares, quienes debieron organizarse de manera autoconvocada para realizar ollas populares, volanteadas y visibilizar la gravedad del conflicto ante la opinión pública. La crítica de las familias hacia la dirigencia fue unánime: una postura tibia, limitada al mero trámite burocrático en los escritorios oficiales, sin desplegar un verdadero plan de lucha ni exigir con firmeza la reubicación del personal.
Autofarma: la inacción de ADEFZA ante un vaciamiento anunciado
El caso de Autofarma expuso una inacción aún más severa. El cierre total y la pérdida de más de 200 puestos de trabajo en la región no ocurrieron de la noche a la mañana; fue el desenlace de meses de cobros en cuotas, falta de insumos, suspensión de obras sociales y desabastecimiento en Río Gallegos, El Calafate, San Julián y la Cuenca Carbonífera.
Durante todo ese proceso de agonía laboral, la Asociación de Empleados de Farmacia Zona Austral (ADEFZA) miró para otro lado. La entidad gremial no activó medidas de fuerza preventivas, no convocó a paros ni interpuso un freno firme cuando la empresa comenzó a liquidar sueldos a goteo. Los excompañeros denuncian que ADEFZA prefirió la comodidad de los comunicados antes que ponerse a la cabeza de las asambleas, permitiendo que el grupo empresarial consumara el vaciamiento sin hallar resistencia en las calles.
El reclamo de las bases: organización autoconvocada frente al abandono
La crisis de Carrefour y Autofarma no solo deja una huella profunda en la economía local por la pérdida de empleo formal en el sector privado; también marca un quiebre definitivo en la relación entre los trabajadores y sus representantes.
Ante el repliegue de los gremios tradicionales como ADEFZA y las conducciones mercantiles, las y los trabajadores despedidos han tenido que apelar a la solidaridad comunitaria, el patrocinio legal particular y la fuerza de la asamblea propia para pelear por la liquidación de sus sueldos adeudados e indemnizaciones. En Santa Cruz, el desempleo creciente ya no solo muestra la crudeza del ajuste empresarial, sino también la cara de una dirigencia sindical que optó por el silencio y la inacción cuando los trabajadores más la necesitaban.