Entre el gas y el cinismo estatal
Martes, 29 de septiembre de 2026
El Hospital confirmó la intoxicación que Educación intentó disfrazar de "ataque de pánico"
Mientras la cartera educativa tildó el hecho de "falsa denuncia" y atribuyó los traslados hospitalarios a "crisis de ansiedad", certificados oficiales del Hospital Regional confirman cuadros de intoxicación en estudiantes y docentes. El gremio ADOSAC desnudó el cerco mediático oficial y reveló además que los matafuegos de la escuela estaban vencidos.
La verdad en la gestión pública no se construye con discursos ni con comunicados de prensa; se demuestra con hechos. Y en la Escuela Primaria Provincial N° 83 de esta capital, la realidad irrumpió con la contundencia imborrable de un sello profesional y la firma de un médico de guardia. Lo que el Consejo Provincial de Educación (CPE) intentó amortiguar mediante una cuidada estrategia de prensa como un "episodio de ansiedad" e "injustificada alarma", escaló en las últimas horas hasta convertirse en un escándalo institucional de gravedad inusitada: la confirmación médica e innegable de personas intoxicadas con monóxido de carbono en pleno ámbito escolar.

El conflicto estalló en las aulas del establecimiento cuando los síntomas característicos del envenenamiento por gas inodoro —mareos, náuseas y descompensaciones— comenzaron a afectar de manera simultánea a estudiantes y personal docente. La activación de los protocolos de emergencia obligó al despliegue de dotaciones de Bomberos, personal de Mantenimiento y cuadrillas de la firma Camuzzi Gas del Sur. Sin embargo, la respuesta política del Ejecutivo provincial no estuvo a la altura del riesgo colectivo: antes de resguardar con transparencia a la comunidad, la prioridad de los funcionarios fue preservar el relato de la infalibilidad edilicia.

A través de los canales oficiales de la Secretaría de Estado de Comunicación Pública, la Directora Provincial de Mantenimiento, Marcia Giménez Arroyo, ensayó una cerrada defensa de la infraestructura escolar. La funcionaria sostuvo sin titubeos que la escuela se encontraba en "perfecto estado de funcionamiento" y llegó a calificar la alerta como una "denuncia sin sustento" orientada únicamente a "impedir que los chicos tengan clases". Para fundamentar la evacuación y el traslado de personas hacia el centro de salud, el discurso gubernamental echó mano a una explicación desatinada: argumentó que una alumna de quinto grado había sufrido una "crisis de ansiedad" y que otros dos niños habían manifestado "temor ante la presencia de los bomberos".

No obstante, el montaje del relato oficial duró muy poco. La respuesta del gremio docente ADOSAC desarticuló de forma categórica las afirmaciones del CPE. Apoyados en la documentación médica emanada desde el propio Hospital Regional de Río Gallegos, el sindicato confirmó la existencia fehaciente de monóxido de carbono en sangre en al menos tres alumnos de la institución. Las pruebas documentales fechadas el 28 de septiembre de 2026 y firmadas por el médico de guardia Dr. Néstor Emilio Chocobar (MPP 4531) no dejaron margen para la especulación ni las eufemismos: "Atención médica en guardia hospitalaria por presentar síntomas de intoxicación con monóxido de carbono", reza textualmente el parte clínico que ordenó tratamiento, reposo obligado y el seguimiento estricto de pautas de alarma.

El cuadro de irregularidades dentro del edificio escolar no concluyó en las instalaciones de gas. La inspección sindical y el relevamiento interno en la EPP N° 83 dejaron en evidencia una falencia elemental en los sistemas de prevención primaria contra incendios y emergencias: la totalidad de los extintores del establecimiento se encontraban vencidos, configurando una clara omisión de los deberes de cuidado hacia la población estudiantil y el cuerpo docente.

La distancia entre la narrativa del Ministerio de Educación —que sostiene haber realizado inversiones y pruebas de hermeticidad continuas durante más de tres años— y la emergencia médica real atendida en el hospital público abre una grieta profunda sobre la credibilidad de las inspecciones edilicias en Santa Cruz. Pretender camuflar un cuadro severo de intoxicación respiratoria como un simple susto infantil ante la sirena de un patrullero o una autobomba no solo menoscaba la inteligencia de las familias, sino que expone a los niños a un riesgo potencialmente mortal.

Hoy, la comunidad educativa de Río Gallegos rompe el silencio e impone una exigencia innegociable: la intervención urgente e integral sobre las redes de calefacción en la EPP N° 83 y en la totalidad de las escuelas provinciales, certificada por profesionales matriculados independientes antes de cualquier reanudación de clases. Pero por sobre todas las cosas, las familias reclaman el cese del ocultamiento.

Porque cuando la vida y la salud de los alumnos están en juego dentro de una escuela pública, la manipulación de la verdad deja de ser un recurso político para convertirse en una seria irresponsabilidad institucional.
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