El frío patagónico no detuvo el latido acelerado de cientos de corazones jóvenes. Durante dos jornadas intensas, la cancha de fútbol Enrique Pino, ubicada en Maipú 936, se transformó en el escenario central donde los sueños de la juventud riogalleguense se vistieron de azul y oro. Bajo la organización local de la Asociación Independiente de Fútbol de los Barrios (AIFB), captadores y veedores del Club Atlético Boca Juniors desembarcaron en la capital santacruceña para observar el talento sureño en una multitudinaria prueba masculina.
Desde bien temprano en la mañana del lunes 7 de septiembre, las inmediaciones del predio comenzaron a poblarse de botines atados con fuerza, medias largas hasta las rodillas y canilleras bien puestas. Acompañados por familias enteras que portaban termos bajo el brazo y miradas de orgullo, los primeros en pisar el césped a las 9:30 fueron los chicos de la categoría 2010. Con el correr de la jornada, el desfile de talentos continuó con las divisiones 2014, 2013, 2017 y concluyó por la tarde con los más pequeños de la 2018, quienes a sus escasos años corrían tras la pelota con la inocencia y el entusiasmo de estar jugando una final.
El martes 8 renovó la expectativa con una grilla igualmente nutrida. Las categorías 2011, 2015, 2012 y 2016 se citaron con la pelota, cada una con el DNI en mano y la botella de agua a un lado de la línea de cal. Entre pases precisos, trancazos firmes y gambetas audaces, los chicos dejaron la vida en cada jugada bajo la atenta mirada de los veedores xeneizes, quienes anotaban minuciosamente en sus planillas cada destello de habilidad técnica y disciplina deportiva.
La ansiedad por saber qué deparará el futuro quedó flotando en el aire al finalizar la prueba. “Hoy no suelto el celular por si me llaman”, expresaba emocionado uno de los preadolescentes tras cruzar el portón de salida con una mirada desbordante de ilusión y el pecho todavía agitado por el esfuerzo.
Más allá de los nombres que continúen en el camino hacia el sueño profesional, la cancha Enrique Pino fue testigo de dos días de fiesta, integración deportiva y esperanza compartida.
La oportunidad de ser vistos por uno de los gigantes del fútbol argentino reconfirmó que en el sur profundo el talento y la pasión laten con la misma fuerza que en las grandes capitales.