Durante su paso por los estudios de Radio Urbana 94.1, la profesora Gabriela Peralta puso el foco en cómo los jóvenes buscan la aprobación de sus pares mediante la exposición digital. En esa línea, advirtió que la validación social actual pasa por filmar y mostrar conductas que antes no tenían cabida pública.
Para Peralta, este fenómeno expone un profundo aislamiento y una falta de empatía generalizada: "Los pibes están haciendo en gran medida el reflejo de lo que nos pasa a nosotros, sin nosotros mostrarnos. Hay un quiebre, una crueldad y un aislamiento de indiferencia hacia el otro".
El salto fuera del aula
Uno de los ejes centrales de la charla transitó por la necesidad de comprender que las dinámicas de hostigamiento se han transformado por completo. Al respecto, la docente enfatizó que las agresiones, el bullying y el ciberbullying traspasaron los muros y los horarios escolares: el acoso ya no se queda en el patio de la institución educativa, sino que se extiende las 24 horas a través de las redes sociales y la hiperconectividad.
La falta de herramientas: Los docentes se encuentran desbordados ante problemáticas complejas para las cuales no siempre existen gabinetes o espacios de contención emocional suficientes.
La pérdida de límites: La desorientación en los roles de crianza y la tendencia a negociar permanentemente con los chicos debilita la autoridad tanto en el hogar como en el aula.
Necesidades básicas insatisfechas: La especialista señaló que muchas familias atraviesan situaciones socioeconómicas críticas donde los chicos llegan a las escuelas sin cubrir necesidades elementales, profundizando la vulnerabilidad emocional.
Límites sanos
Frente a este escenario, la entrevista dejó en claro que las soluciones no se agotan en medidas punitivas ni en discursos aislados. Es imperativo repensar las políticas de niñez bajo un esquema sólido de promoción, prevención y protección, articulando de manera real los roles del Estado, las familias y las instituciones.
Peralta concluyó que la comunidad necesita recuperar los espacios de escucha y reinstaurar normas de convivencia claras que protejan tanto a los alumnos como a los docentes, entendiendo que poner límites a tiempo y asumir la responsabilidad adulta es el único camino para frenar la deriva social.