Casi una declaración de principios la de este rosarino que saltó de la pubertad a la adolescencia creciendo a fuerzas de vitaminas y ahora se arrima a los 30 con la seguridad de haber transitado hasta aquí el camino correcto, en medio de una vida vertiginosa que seguramente nunca imaginó ni en sus mejores sueños de "Pulga".
El crecimiento de Messi con el paso del tiempo
Por eso hoy habrá celebración íntima en el Serena Suites, donde todos saludarán y se reirán con el "número uno" sin rendirle la pleitesía de los de afuera, sino con auténticas muestras de cariño.
Porque seguramente es fácil ponerse en el lugar de Messi a la hora de los beneficios, pero quizás no lo sea tanto cuando el personaje se vuelve púiblico, tan público, que debe vivir encerrado en una jaula de oro durante todos sus días para no sufrir el asedio de los demás mortales, admiradores, curiosos, cholulos y, obviamente, periodistas.
Es envidiable que el crack de Barcelona y el seleccionado argentino se mantenga siempre en su eje, sin perder la calma jamás fuera de la cancha, pese a que intimidad es una palabra que solo reconoce en el interior de su casa catalana.
Cuando se observa, aquí en Chile durante esta Copa América, o en cualquier otra parte a la que él va, esa desesperación de sus congéneres por tocarlo, alcanzarlo con los brazos estirados a la nada, o simplemente mirarlo, y pensar que eso puede ocurrirle durante buena parte del resto de su vida, sería entendible que él quisiera huir de ese mundo y generarse uno propio, en el que lo dejen simplemente "en paz".
Por eso, porque no se enoja, porque acepta la realidad tal como es, y reconoce que lo bueno viene en frasco chico, pero hasta las rosas más perfumadas tienen espinas, es que puede decirse que Messi hoy es un grande. O está grande, que para este punto es prácticamente lo mismo.