En el fascinante laboratorio político de Santa Cruz, donde un experto en tuberías puede terminar diseñando planes de contingencia contra el delito, se ha producido un nuevo milagro de la reconversión profesional. Segundo "Yayo" Santana, el hombre que supo pilotear los destinos de Distrigas durante la era de Daniel Peralta, ha decidido que el uniforme de la seguridad le queda pintado. O al menos, eso parece creer el gobernador Claudio Vidal, quien lo ha bendecido como el nuevo "Gran Nexo" entre las fuerzas policiales y el Ejecutivo Provincial.
Un currículum "explosivo"
La trayectoria de Santana en materia de seguridad es, por decir lo menos, invisible. Durante años, su máxima preocupación fue que no hubiera fugas en las redes de gas de la provincia. Hoy, su misión es evitar las "fugas" de información y malestares entre los patrulleros y la Casa de Gobierno. Parece que, para el oficialismo, coordinar operativos de saturación o combatir el narcotráfico es básicamente lo mismo que purgar una caldera: cuestión de perilla, buena voluntad y saber dónde cerrar la llave de paso.
El "traductor" de la gorra
Es notable la versatilidad de nuestros funcionarios. Santana pasó de los despachos de Peralta —donde la gestión gasífera dejó más de un dolor de cabeza— a ser el canal oficial de comunicación para la Policía. Es la política del reciclaje: si lograste que los caños no exploten (o que exploten lejos), ¿por qué no probar mediando con la tropa?
Ahora, cuando un comisario quiera pedir móviles o chalecos, tendrá que pasar por el filtro de un experto en medidores. Quizás Santana planee tratar la inseguridad como un usuario moroso: si el delito aumenta, le mandamos un aviso de corte y le retiramos el servicio.
¿Seguridad o política de presión?
La llegada de Yayo a las huestes de Vidal no es un hecho aislado; es el "Peraltismo en cuotas" que sigue desembarcando en el gabinete. En sus recientes apariciones, se lo ve cómodo en su rol de puente, hablando con la autoridad de quien ha pasado décadas en la primera línea de fuego, cuando en realidad lo más cerca que estuvo de un "operativo" fue supervisar una zanja para un caño de polietileno.
Mientras tanto, la provincia observa con asombro este nuevo esquema de seguridad "gasificada". Al final del día, parece que para cuidar a los santacruceños no hacía falta saber de leyes ni de tácticas policiales; solo hacía falta tener buena presión de gas y saber a qué sol calentar mejor para que el mensaje llegue al Ejecutivo sin perder calor por el camino.