En el marco de las fechas de concientización por el Día Nacional de la Donación de Órganos, el programa Hora 8 de Urbana Stream recibió a Ismael y Adolfo ("Fito"), dos padres que transformaron el dolor más profundo en militancia activa dentro de la Asociación de Enfermedades Poco Frecuentes. Con relatos cruzados por la resiliencia, la burocracia y el amor incondicional, expusieron la cruda realidad de lo que significa mantener con vida a un hijo trasplantado a 3,000 kilómetros de los centros de alta complejidad.
El trasplante no es el fin del camino: la realidad de la inmunosupresión
Uno de los primeros mitos que derribaron los invitados es la falsa creencia de que el trasplante representa una "cura definitiva". Adolfo, papá de Nadia —quien lleva 6 años y 4 meses con un trasplante de pulmón—, fue categórico:
"Mucha gente piensa que se trasplantan y ya está. Tienen una vida muy complicada, están inmunosuprimidos. Nadia toma 14 pastillas todos los días. Un resfriado o una muela picada pueden arruinar todo. Además, sabemos que en algún momento los chicos van a un retrasplante; el órgano no es eterno".
Adolfo también reflexionó sobre el impacto psicológico que sufren los niños al procesar que llevan dentro el órgano de una persona fallecida (en su caso, una joven de 14 años), un proceso que requiere acompañamiento terapéutico constante y que la obra social no siempre facilita.
El desamparo de las obras sociales: "Me estaban dejando en la calle con mis hijos"
Ismael relató la odisea de su hijo Andy, un niño que nació en 2019, recibió un trasplante hepático cadavérico antes de cumplir el año (en 2020), atravesó un cáncer en 2022 y sufrió un rechazo de órgano en 2023. Tras años de pelearla en Buenos Aires, Ismael enfrentó un golpe inesperado: un cambio de directivos en su obra social (Camioneros) lo dejó sin cobertura en el Hospital Alemán en pleno tratamiento.
"Prácticamente me estaban dejando en la calle con mis hijos", confesó Ismael, quien viaja solo a cargo de Andy y de su hijo menor, Enzo. Explicó que gracias a la intervención de un diputado en el Congreso, pudo costear los pasajes de regreso y ganar tiempo para tramitar el pase de Andy a la salud pública de Buenos Aires (Hospital Garrahan o Gutiérrez) a través del Incucai.
A pesar de todo, Ismael celebró con alegría un logro cotidiano: "Hace dos semanas volvimos y hoy Andy está cursando en la escuela. Es una bendición hermosa que pueda llevar una vida normal".
Cadenas de WhatsApp para conseguir remedios y el reclamo al Ministerio de Salud
Los referentes señalaron las graves deficiencias que sufren los pacientes en la provincia. Denunciaron que durante diciembre, enero y febrero la Caja de Servicios Sociales (la obra social mayoritaria) tuvo severos atrasos en la entrega de medicamentos inmunosupresores, que son vitales y extremadamente costosos.
"Armamos un grupo de WhatsApp de la provincia y nos fuimos ayudando con medicación que nos donaban de otras provincias como Trelew o La Pampa, de pacientes que lamentablemente fallecían", reveló Adolfo.
A su vez, criticaron con dureza la falta de respuestas políticas: "Venimos pidiendo hace dos o tres años un banco de medicamentos para este tipo de emergencias. El Ministerio de Salud no nos recibió. Nos han recibido otros ministros, pero la de Salud no". También señalaron que el organismo local (CUCAI) es invisible para la propia gente del hospital y que el Estado se limita a publicar un "flyer" en redes en lugar de hacer campañas reales en el terreno para derribar los miedos a la donación.
"Apostar a la vida": Un ejemplo de inclusión
Hacia el final de la entrevista, los padres destacaron que la sobreprotección o el miedo de la sociedad a veces aísla a los pacientes. Como contraejemplo, recordaron con orgullo a Nazareno, un niño de la asociación con múltiples patologías y trasplantado que, gracias a que un profesor se animó a llevarlo en colectivo a competir, hoy es campeón nacional de atletismo en los Juegos Evita.
Al ser consultados sobre por qué siguen exponiéndose y recorriendo los medios en lugar de quedarse en la comodidad de sus hogares, Adolfo cerró con una frase que resume el espíritu de la asociación:
"Esto es un homenaje a las familias que tuvieron ese amor de donar los órganos para que nuestros hijos hoy estén vivos. ¿Cómo no vamos a seguir trabajando?".