El caso de Juanita Fuentealba es tan doloroso como el de Marcelo Dez. Hace ms de 12 aos, all por octubre de 2002, esta mujer neuquina ingres al quirfano de una clnica privada de la capital para una operacin de rutina, una intervencin en un hombro que se le dislocaba constantemente y no la dejaba en paz. Del quirfano sali dormida, y jams despert. Al menos de manera consciente. No volvi a comunicarse, a abrazar o dar un beso.
Su hijo Alejandro estuvo cada maana, cada tarde sentado en su cama, hablndole, leyndole, rezando. Nada pas, y todo pas. Porque, si bien el caso no tom la repercusin que el de Diez, la vida para esta familia se volvi un tormento.
Alejandro Fuentealba est de acuerdo con el fallo de la Corte Suprema que apoy la muerte digna en el caso Diez. Un fallo que marc un precedente y que por estas horas genera un fuerte debate en los pasillos de la medicina nacional. Est de acuerdo e incluso convivi con los Diez durante una dcada en la clnica Luncec. Por ahora no piensa pedir ante la justicia que a su madre, en estado vegetativo persistente hace ms de una dcada, le quiten el soporte vital. Pero no lo descarta. No tiene esperanzas y sabe que Juanita "jams volver a estar consciente, nunca volver a comunicarse conmigo". Pero en su interior est cruzado por una tormenta de contradicciones. Pide poder acompaar dignamente el final en la vida de su madre, un final que "es indigno para ella". No sabe si le faltan agallas para hacer o pedir lo que las hermanas de Marcelo Diez. Cree en otro camino, duro y contradictorio.
El caso alimenta la polmica que se suscit desde el 7 de julio, da del fallo y de la muerte de Marcelo Diez, y tambin desnuda una gran carencia del sistema, que "tiene muchos problemas para sanar a las personas con posibilidades y que no siquiera contempla a los pacientes como Juanita desde el cierre de Luncec", dice el abogado de Alejandro, Silvio Baggio. "Esta mujer debera tener otro tipos de cuidados especiales. Su hijo es su acompaante teraputico. Y en el hospital se le va la vida" Hay un dato sustancial: muchas obras sociales no contemplan los tratamientos y cuidados para estos pacientes, y un da de internacin en una clnica privada ronda los 5.000 pesos.
Hoy, despus del cierre de la clnica Luncec, Juanita est acostada en posicin fetal en una de las camas de internacin del hospital Bouquet Roldn. Su cuadro, como el de tantos vecinos de la regin , es el de estado vegetativo persistente (EVP). Hace largos aos que Juanita, segn la Multi-Society Task Force, es una mujer excepcional: ocurre que para esta organizacin -dato que se incluy en el fallo de la Corte Suprema sobre el caso Diez- el ndice de mortalidad de las personas que pasan diez aos en EVP es del 90%.
Para su hijo tambin fue una mujer excepcional: "Era vital, activa, solidaria. Trabajaba para una ONG, se vesta de payaso para alegrar en fiestas de gente carenciada, llevaba ropa y comida a comunidades indgenas cordilleranas. Cuando le pas lo que le pas, estaba recin jubilada. Era una tejedora independiente, tena una mercera, ramos felices..." .
Alejandro jams pens que su vida cambiara invariablemente cuando vio salir a su madre hacia el quirfano ese 29 de octubre de 2002. Era una operacin de hombro, algo relativamente sencillo, pero las cosas no salieron bien. Todava no sabe lo que ocurri en esa sala, pero Juanita sufri una hipoxia y una parte de su cerebro se apag. "El de la conciencia", dice Alejandro, quien inici en el 2011 acciones legales contra el equipo mdico de esa clnica privada y contra la obra social. El duro peregrinar fue el siguiente: a Juanita la operaron, estuvo seis meses en terapia intensiva en esa clnica, Alejandro la intern en su domicilio otro medio ao; luego transcurrieron ms de once aos en Luncec, hasta el 30 de junio pasado, cuando cerr y la mujer termin en una cama del Bouquet Roldn, en posicin fetal, a veces con los ojos abiertos pero desconectada del mundo. Siempre con su hijo al lado. (Sebastin Busader)