La ciudad en la que vivimos influye en nuestra calidad de vida y en este sentido, la gestión municipal siempre ha promocionado la importancia de que Río Gallegos sea una ciudad inclusiva y accesible, pero más allá de los discursos, la funcionalidad de la ciudad en la que vive una persona con discapacidad física o intelectual puede facilitar o impedir su inclusión en la sociedad.
Entre varios aspectos en una ciudad que impacta en la vida de las personas con discapacidad, se encuentra aquél que permite a la persona poder moverse de un lugar a otro en la ciudad. Una situación de la cual nuestra capital se encuentra excluida, y queda más que demostrado cuando un joven en silla de ruedas, debe esperar tres horas para tomar un colectivo perteneciente al transporte urbano de pasajeros.
La situación la expuso una vecina de esta ciudad, al notar que un joven de alrededor de 25 años aguardó por más de tres horas un colectivo adaptado de la línea B, y a esto se suman aquellas personas que desisten de la eterna espera, y transitan en sillas de rueda por las calles, una decisión que pone en peligro sus vidas.