Desde muy temprano, la columna de humo proveniente del vaciadero municipal, se fue extendiendo, y se podía observar desde distintos puntos de la ciudad.
TNRG se acercó al vaciadero, en donde el olor a quemado era intenso, y se podía apreciar como las máquinas trabajaban denodadamente para sofocar el foco ígneo. No es la primera vez que este tipo de situaciones, pone la atención en el basural de Río Gallegos, ya que días atrás, más precisamente el 10 de octubre, debieron acudir dos dotaciones de bomberos para tratar de controlar las llamas que se habían incrementado por los fuertes vientos reinantes en esa fecha.
En esta oportunidad, y afortunadamente, las ráfagas no tenían la intensidad de la vez anterior, pero eso no impidió que por causas que se tratan de establecer, los residuos comenzaran a arder otra vez, y generaron así un incendio de grandes proporciones.
Aún se espera el tan mentado traslado del vaciadero municipal,, anunciado con bombos y platillos por la gestión de Roberto Giubetich, fuera del ejido urbano, pero sobre todo el tratamiento de los residuos de manera responsable, porque acumular la basura de la ciudad en otro sitio, sin un tratamiento responsable, es como depositar el polvo debajo de la alfombra, para que las visitas no vean la suciedad.