El objetivo del allanamiento era encontrar armas y cosas robadas. Eran las 8 de la maana cuando un grupo de policas empuj la puerta que estaba entreabierta e ingres al edificio ubicado en Paimn 401, donde funcionaba el viejo destacamento, en pleno corazn del barrio Confluencia.
Para la Polica fue una rutina porque ya conoca el lugar y la historia de sus moradores. Pero la escena como tantas veces caus la misma impresin de siempre.
Sobre un colchn derruido y mugriento descansaban al menos 9 chicos de un amplio abanico de edades. Dos mujeres los acompaaban, al igual que cinco perros flacos y debilitados por la sarna y las garrapatas.
El hedor era insoportable producto de una gran cantidad de bolsas de basura esparcida por todos lados y del amontonamiento de 11 personas conviviendo en un espacio reducido, sin ningn tipo de higiene.
Los policas ingresaron, despertaron a las dos mujeres y les comunicaron que se trataba de un allanamiento. Desde hace tiempo saban que el lugar funcionaba como un aguantadero y ahora buscaban armas que haban sido utilizadas en delitos recientes.
Pese a que conocan la historia, la escena los conmovi porque los chicos estaban muy sucios y en un estado total de abandono. El superior llam al servicio de emergencias SIEN para que asistieran a los menores con mayor riesgo.
Cuando lleg la ambulancia, una mdica se encarg de revisar a los nios. En un par de colchones haba un nene de 9 meses, y otros tres de 2, 3 aos. Otro estaba sentado en un silln destruido que alguna vez tuvo un tapizado floreado y del que ahora apenas quedaban jirones. El resto ya se haba retirado del lugar. Luego se hizo la denuncia a la Justicia de Menores y a los responsables de Accin Social para que atendieran a la familia.
La historia que se pudo reconstruir a partir de este panorama es dramtica. La responsable del lugar es una mujer de 35 aos que es madre de 13 hijos. El mayor tiene 21 y el menor 9 meses. La otra mujer que la acompaaba es la novia del hijo mayor que habitualmente se queda en el lugar para ayudarla.
Abandono
En ese edificio abandonado y medio demolido viven todos. O al menos la mayora. Los ms grandes ya tienen vuelo propio y pasan cada tanto, de acuerdo con sus necesidades. Los ms chicos dependen de su madre para la crianza, aunque lo que reciben de atencin y cuidado es poco y nada.
Un solo bao en el que hasta hace poco haba un hueco fue mejorado con un inodoro, pero el espacio dista mucho de ser un sanitario. Todo el lugar est sucio y descascarado.
En otra habitacin hay una suerte de chacarita casera que acumula desperdicios, ropa vieja, trastos, pedazos de muebles y restos de colchones que ya no sirven para nada. Las paredes estn sucias y apenas se ven restos de pintura verde. Una serie de graffitis y dibujos dan una idea de que el lugar fue visitado en otras pocas por otros moradores, probablemente adolescentes del barrio que quisieron dejar su impronta en un edificio con historia.
Hace un par de aos funcionaba un destacamento policial que luego fue abandonado cuando se construy la nueva comisara. Esa estructura fue usurpada desde febrero de 2013 por esta mujer con sus hijos.
La joven, madre desde que era apenas una adolescente, est en la mira de toda la gente que vive en el barrio porque a sus hijos (los ms grandes) los vinculan con los reiterados hechos delictivos y de violencia que azotan a Confluencia desde hace tiempo. Por eso quieren que se vaya.
Cuando comenz el procedimiento policial, los ms chicos se despertaron por el ruido y las voces extraas que se multiplicaban a esa hora de la maana. A esa altura, adems de los policas y los paramdicos, tambin haban ingresado periodistas, fotgrafos y camargrafos que cubran el allanamiento. Lejos de asustarse, los chicos sintieron curiosidad y preguntaron qu pasaba. Y cuando vieron las cmaras enseguida empezaron a pedir la foto.
La imagen que ilustra esta crnica los muestra sonrientes y expectantes.
Todos parecen contentos, ajenos a la miseria y el drama. (La Maana)