La tensión salarial en Santa Cruz alcanzó su punto de ebullición definitivo. En una jornada que quedará marcada en los anales de la protesta social de la provincia, una imponente y multitudinaria marea humana de 2.500 personas, integrada por policías autoconvocados activos, personal retirado, efectivos penitenciarios, bomberos y sus familias, paralizó por completo el centro de Río Gallegos. La masiva movilización funcionó como un ultimátum a pocas horas de que se retome la mesa salarial con el Ejecutivo.
La columna de manifestantes inició su despliegue desde el acampe montado por los autoconvocados. Desde allí, la masiva hilera humana avanzó con paso firme por la Avenida Kirchner en un clima de profunda efervescencia. El primer punto de fuerte carga simbólica se vivió al llegar a la intersección con la calle Ameghino, donde la marea de efectivos pasó por el frente de la División Comisaría Segunda, recibiendo el saludo y el apoyo cerrado de los camaradas de turno.
Clamor frente a la Jefatura
Posteriormente, la gran columna modificó su rumbo tomando la calle Zapiola hasta Chile, para luego retomar por Piedra Buena. Allí se produjo uno de los momentos más álgidos y emotivos de la jornada: los 2.500 manifestantes se apostaron frente al edificio de la Jefatura de Policía.
En un instante de profundo respeto institucional, la multitud rompió el aire santacruceño para entonar a viva voz las estrofas del Himno Nacional Argentino. Sin embargo, la solemnidad dio paso de inmediato a la furia del reclamo. Con bombos y palmas, el grito unificado de las bases hizo retumbar los vidrios del comando superior con una consigna directa: "¡La Plana tiene miedo!", visibilizando la fractura interna entre la cúpula policial y el personal subalterno que sostiene la seguridad en las calles.
"Vidal tiene miedo"
Lejos de desconcentrarse, el fervor de la marcha continuó. La columna giró hacia la calle Alcorta y se posicionó directamente frente a las rejas de la Residencia Oficial del Gobernador.
Allí, los autoconvocados y sus familias volvieron a endurecer los cánticos de protesta, dirigiendo sus consignas hacia la figura del mandatario provincial bajo el grito de "¡Vidal tiene miedo!". El mensaje fue unívoco: la paciencia de la fuerza se agotó y las bases no aceptarán dilaciones ni ofertas de miseria en la paritaria donde exigen un piso salarial inamovible de $2.200.000.
Tras demostrar una disciplina y una capacidad de movilización que encendió todas las alarmas políticas de la provincia, la imponente marcha emprendió el regreso, finalizando su extenuante pero histórica jornada en el epicentro de la resistencia: el acampe policial, donde los efectivos permanecen movilizados en vigilia permanente a la espera de respuestas concretas.