La filtración del audio en el que el coordinador del Ministerio de Seguridad de Santa Cruz, Daniel Barrientos, intenta presionar al exjefe de la Policía, Wilfredo Roque, para que intervenga en el conflicto salarial ha dejado de ser únicamente un escándalo político para transformarse en un profundo debate moral. En las últimas horas, allegados a la fuerza y del entorno policial manifestaron su repudio absoluto ante lo que consideran una "maniobra perversa y desalmada".
El foco de la indignación no solo radica en la estrategia oficial de desactivar la protesta a través de intermediarios, sino en la elección del emisor, ya que remarcaron la vulnerabilidad actual de Roque, un hombre mayor y que atraviesa un delicado estado de salud, factores que parecen haber sido fríamente calculados por las autoridades políticas.
"Hacerle la psicológica a un jefe para que salga a respaldarlo para cuidar su cargo... eso es de muy hdp", sentenciaron con crudeza, reflejando el sentimiento generalizado de traición y falta de códigos éticos en la gestión pública.
El quiebre de los códigos institucionales
Para el personal retirado y la denominada "vieja guardia" de la fuerza, la actitud de Barrientos cruzó un límite de respeto elemental, dado a que consideran que el funcionario ejercio una presión psicológica desmedida sobre una figura histórica de la institución, apelando a su antigua autoridad y prestigio únicamente para "salvar el puesto" de los funcionarios ministeriales ante la incapacidad de ofrecer respuestas salariales concretas.
Mientras el Ministerio de Seguridad intenta contener los daños de una filtración que expuso su trastienda más oscura, en la calzada de Río Gallegos la resistencia se endureció. Lejos de amedrentarse, el personal policial ratificó que la permanencia continúa de forma pacífica, advirtiendo que "la dignidad de la fuerza y de sus hombres más respetados no se negocia en despachos a puertas cerradas".