En sus últimas declaraciones, el gobernador Claudio Vidal apuntó sin rodeos contra la dirigencia y las medidas de fuerza docentes. Denunció "aprietes" a los maestros que intentaban dar clases, calificó los paros como una "falta de respeto" hacia quienes cumplen sus funciones y anunció un incentivo de 500.000 pesos en agosto únicamente para aquellos educadores que mantengan la asistencia perfecta.
Sin embargo, en el mapa político y social de Santa Cruz, las palabras del mandatario resonaron con un eco de marcada contradicción.
El espejo del pasado sindical
Para la memoria colectiva de la provincia, resulta imposible desligar el discurso actual de Vidal de su propia trayectoria como secretario general del Sindicato de Petróleo y Gas Privado. Durante años, la metodología de conducción del hoy gobernador se fundamentó en la intransigencia, los cortes de ruta, la paralización total de los yacimientos y el impedimento sistemático del paso a las cuencas para aquellos trabajadores que intentaban subir a cumplir con sus turnos.
Las protestas que hoy el jefe del Ejecutivo provincial cataloga como "extorsiones" o "aprietes" hacia el personal docente no difieren en su esencia de los métodos de presión que el propio gremio petrolero aplicaba bajo su mando. La "falta de respeto a los que quieren trabajar" que hoy denuncia desde el sillón de la gobernación es la misma dinámica de fuerza con la que él desafió durante más de una década a los gobiernos provinciales y a las operadoras multinacionales.
El cambio de rol expone un giro doctrinario brutal:
Antes: El bloqueo de yacimientos y la presión sobre el trabajador desafilado o disidente eran justificados como herramientas legítimas de la "lucha obrera" contra la patronal.
Ahora: Esas mismas prácticas, trasladadas al ámbito escolar, son tipificadas por el Estado como coerción e incumplimiento del deber, castigadas con la quita de días caídos y el uso del presentismo ($500.000) como un elemento de división interna.
Al amenazar con que "será la última vez" que se devuelven los días caídos y acusar a los gremios de perjudicar a los estudiantes, Vidal adopta el clásico libreto de las patronales que antes combatía. Exige un nivel de disciplina y acatamiento que jamás estuvo dispuesto a conceder cuando vestía el mameluco sindical y lideraba los reclamos en las rutas del sur.