Después de 53 días imperecederos a la intemperie, enfrentando heladas, lluvia, viento y el peso de una incertidumbre sofocante, el personal policial en actividad de Río Gallegos, Puerto Deseado, Río Turbio y El Calafate decidió levantar la medida de fuerza que mantenía paralizada a la provincia.
En la capital provincial, la escena de este fin de ciclo se reflejó en el repliegue paulatino sobre la calle Alcorta. Las carpas que durante casi dos meses albergaron mates de madrugada, guardias compartidas y la angustia contenida de quienes salieron a pedir lo básico —un sueldo digno que no los deje por debajo de la línea de indigencia— fueron desarmadas una a una. En el resto de las localidades del interior, las dependencias policiales también comenzaron a recuperar su fisonomía habitual tras la retirada de los asentamientos.
El coraje de la tropa y la permanencia de los viejos
Sin embargo, el asfalto no queda del todo vacío. En Río Gallegos, las carpas del personal retirado permanecerán firmes. Los "viejos", aquellos que le entregaron su vida a la institución y que fueron ninguneados bajo el rótulo oficial de "improductivos", continuarán en el lugar haciendo guardia por la movilidad salarial y la memoria de una lucha colectiva.
El levantamiento por parte de los activos no responde a un doblamiento de convicciones. Quienes cubrieron las mañanas y las noches al lado del fuego saben que la decisión se tomó para proteger a las familias, castigadas por la asfixia económica, la falta de empatía del Gobierno y el desgaste constante de un Ejecutivo que prefirió la estrategia del amedrentamiento antes que el diálogo institucional.
Una huella que no se borra con el despeje de la calle
Se despejan las arterias y se levantan los trapos, pero la dignidad de la fuerza policial queda intacta. Fueron 53 días donde la tropa demostró una unión inédita, donde la comunidad vio a sus agentes, a sus vecinos y a sus familiares poner el cuerpo en la calle sin dobles discursos ni banderas políticas, impulsados únicamente por la necesidad legítima de llevar el pan a sus casas.
Las carpas ya no están frente a las comisarías, pero el reclamo queda grabado en la memoria colectiva de Santa Cruz. El conflicto no se resolvió con la justicia que los trabajadores merecían, pero la lección de dignidad que dieron las familias policiales durante estos 53 días no se desarma con el retiro de una estructura de lona.