Detrás de cada estadística hay una vida que resistió, pero también una trama de alerta que el Estado y la sociedad no logran detener a tiempo.
Entre el 1° de enero y el 31 de agosto de 2026, la violencia de género se cobró la vida de 169 personas en la Argentina —incluyendo 144 femicidios y transfemicidios—, pero dejó además un rastro desgarrador e invisible: 349 mujeres, adolescentes y allegados sufrieron tentativas de femicidio y lograron sobrevivir en todo el país.
En Santa Cruz, el impacto local se tradujo en 5 intentos de femicidio y un hecho consumado, reflejando que la provincia no permanece ajena a esta problemática nacional.
El más reciente informe del Observatorio de Femicidios "Adriana Marisel Zambrano", coordinado por La Casa del Encuentro, revela una realidad abrumadora en la que la mayor parte del peligro habita puertas adentro. En el 95 % de los intentos de femicidio donde se conoce la relación, el agresor era la pareja (177 casos) o la expareja (157 casos). A su vez, en 236 oportunidades el ataque ocurrió dentro del hogar, ya sea de la víctima o en la vivienda compartida. Golpeadas, apuñaladas, amenazadas de muerte o bajo intentos de asfixia o incineración, las víctimas enfrentan agresiones despiadadas en los ámbitos que deberían garantizarles resguardo.
La violencia deja secuelas irreparables en la infancia. Durante estos ocho meses, 96 niñas, niños y adolescentes estuvieron presentes al momento de los ataques violentos, mientras que 116 menores de edad perdieron a sus madres tras consumarse los femicidios a nivel nacional. El impacto psicológico atraviesa por igual a cada infancia expuesta a estos contextos de vulnerabilidad.
Lo desgarrador del escenario radica en las grietas del sistema de prevención. Del total de mujeres violentadas en intentos de femicidio en el país, 53 ya habían radicado denuncias previas y 38 agresores tenían dictada una medida cautelar. En los femicidios consumados, 21 víctimas habían recurrido a la justicia y 10 femicidas violaron medidas restrictivas. Estas cifras denotan que la orden de restricción no detiene al agresor si no se articula un seguimiento efectivo y oportuno.
A nivel territorial, la provincia de Buenos Aires encabeza el registro en números absolutos con 96 tentativas y 49 femicidios, seguida por Santiago del Estero, Santa Fe y Salta.
La dimensión de estos números exige abordar la problemática no solo desde el conteo de muertes, sino acompañando el proceso de quienes sobreviven con secuelas físicas, psicológicas y sociales. Escuchar a las víctimas, fortalecer la respuesta institucional y garantizar el cumplimiento real de las medidas de protección se consolida como un deber impostergable para evitar que una tentativa se transforme en una víctima fatal.