Natalia es una vecina que vive frente a la Cancha Enrique Pino, en la ciudad de Río Gallegos, quien aseguró que es habitual que ocurran hechos de violencia, desmanes y situaciones generadas por el abuso en el consumo de alcohol: “Si, completamente”, agregando que no hay un marco de control de seguridad: “No hay un patrullero, una ambulancia o alguien de tránsito. Esto es zona liberada, los días de partido, olvídate. Así sea días de semana porque la liga se juega de lunes a lunes. Así sea un martes a la 01.00 de la mañana, llamás a la policía y tampoco quieren venir, y los tipos hacen quilombo, salen recontra borrachos, los de tránsito tampoco vienen, es tierra de nadie, la Liga es más fuerte que el resto del mundo”.
Esta mujer señaló que “no se hace responsable nadie, ni tránsito policial, ni tránsito municipal, ni la Policía, ni el municipio, es tierra de nadie”, a pesar que los vecinos que residen próximos a esta cancha han intentado hablar con Jorge Caminitti de la municipalidad, con el presidente de la Liga de Barrios”, pero éste les manifestó “que él no tiene problemas de sacar las tribunas, porque están frente por ejemplo de mi casa, pero que no tienen los fondos, tendría que pagar el municipio. A esto yo me pregunto, ¿por qué los contribuyentes tenemos que pagar algo que ellos lo tendrían que hacer, y el intendente te dice que eso lo habilitó la gestión anterior. Es decir, se tiran la pelota unos a otros y nosotros vivimos en tierra de nadie, donde mandan ellos”.
La actividad en la cancha afecta la vida diaria: “Tengo a mi nene de 9 años con varicela y recién ahora –cuando terminó la actividad- podemos empezar a cocinar, rogar de que no haya otro partido con barras, para sentarnos a la mesa en paz”.
Natalia remarcó que sobre todo al final del encuentro deportivo es quizás la peor parte: “Es una locura, tiran pirotecnia, y no sabés como salen…, salen recontra borrachos y manejan en ese estado”. Además, recordó que en una oportunidad tuvo que cruzarse al frente: “de mala forma, a decirles que por lo menos, por favor, pusieran baños químicos, imagínate, no podés abrir la ventana de mi casa, porque era abrir la ventana y encontrar a tipos orinando. Un desastre, hay criaturas, hay niñas, o sea no podés dejar que los chicos salgan a la calle. Afortunadamente, tengo patio, pero no todos lo tienen”.
Esta vecina se pregunta cómo esta cancha no cuenta con un muro de contención como el del Hispano Americano o el Club Ferro: “y si hay un accidentado es responsabilidad del club, pero acá te dicen que es la vía pública. Si pasa algo, nadie se hace cargo, la municipalidad dice que es privado y ellos te van a decir que es público”, y añadió que “ellos te dicen que la cancha es privada, pero la tribuna está en la vereda que es pública”.
Con Caminitti tampoco obtuvo resultados: “encima me tomó el pelo, cuando me dijo –bueno, vamos a ver en cuanto se presupuesta la obra, como para hacerme callar la boca y le dije que era un desubicado, porque tiene unas formas completamente altaneras de hablarle a las personas que le pagamos el sueldo, porque yo pago mis impuestos”.
Hace cinco años que Natalia y su familia residen frente al campo de futbol “Enrique Pino”, y recordó que el cumpleaños de su hijo coincidió con un partido que jugaba 240, se agarraron a botellazos, y tuve que meter a todos los nenes adentro. Volaban botellas, era un despelote y de hecho llamé a la Policía, pero cuando llegaron ya se habían ido todos. Esto es moneda corriente para nosotros, pero estoy un poco cansada, quiero tener una vida normal”.
Además, indicó que no era la única que estaba afrontado este tipo de situaciones: “Son varios los que se quejan, pero al haber este vacío legal, en el que la municipalidad te dice que ellos son privados, y los otros que dicen que una parte es pública y el resto privado”.