La política santacruceña asiste a un nuevo capítulo de su eterna disputa de poderes. El gobernador Claudio Vidal ha calificado de "acto de burla" el reciente incremento salarial en el Poder Judicial, centrando sus dardos en los vocales del Tribunal Superior de Justicia (TSJ).
Sin embargo, el ataque mediático oculta dos realidades que el relato oficial evita mencionar: que el aumento es un derecho legal de toda la familia judicial —no solo de la cúpula— y que el propio Vidal aprobó el pago de sueldos para los nuevos vocales "militantes" que hoy engrosan la estructura del máximo tribunal.
La Ley 10.068: El motor de los aumentos
Lo que el Ejecutivo presenta como un "autoaumento" arbitrario es, en realidad, la aplicación de la Ley de Enganche (Ley 10.068). Promulgada en 2011, esta norma establece que los salarios del Poder Judicial de Santa Cruz se actualizan automáticamente en sintonía con las subas que otorga la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Este mecanismo no distingue jerarquías: cuando la Corte Nacional otorga un incremento, este impacta en cascada sobre, los Vocales del TSJ,
Jueces de Cámara e Instrucción, Fiscales y Defensores Oficiales, Secretarios y Prosecretarios (Funcionarios) y personal administrativo y maestranza.
Atacar el aumento como si fuera una decisión exclusiva de los vocales Reneé Fernández, Paula Ludueña, Alicia Mercau y Fernando Basanta es, cuanto menos, una verdad a medias. Se trata de una estructura salarial técnica que garantiza que un juez provincial no cobre menos que un par federal, protegiendo la independencia del sector frente a las presiones del Ejecutivo.
La vara de Vidal: ¿Austeridad o control?
El punto de mayor fricción surge al contrastar el discurso con los hechos. Mientras Vidal y su ministra Soledad Boggio hablan de salarios "fuera de la realidad", la Legislatura —con mayoría oficialista— blindó en el Presupuesto 2026 el pago del 50% del haber de un vocal para los nuevos integrantes del TSJ designados por la actual gestión: Sergio Acevedo, José Antonio González Nora, Juan Lucio De la Vega y Gabriel Contreras.
Aquí reside la gran contradicción:
Hacia afuera: El gobernador denuncia que los sueldos de 24 millones de pesos son una "falta de respeto" a la sociedad.
Hacia adentro: Su propio presupuesto autoriza partidas millonarias para pagarle a los vocales que él mismo impulsó para ampliar el tribunal y desplazar a la "Justicia K".
Para el Ejecutivo, el salario parece ser "inmoral" solo cuando lo cobran los jueces que no le responden, pero es una herramienta de gestión necesaria cuando se trata de sostener a sus propios alfiles judiciales.
Un dato que no es menor, es el esquema de aumentos para 2026 prevé un 4% mensual hasta julio y un 3% hasta octubre. Este escalonamiento, que Vidal tildó de escandaloso, es el mismo que percibirán los vocales que juraron bajo su mando.
Una cortina de humo mediática
El uso de funcionarios como Pablo Pérez (Caja de Previsión) para alertar sobre el desfinanciamiento del sistema previsional parece ser la pieza final de una estrategia de distracción. Al señalar al Poder Judicial como el culpable de las penurias económicas de los jubilados, el Gobierno evita explicar por qué, en un contexto de supuesta crisis, se decidió ampliar la cúpula judicial de 5 a 9 miembros, generando un gasto estructural que la provincia antes no tenía.
La "productividad" que reclama la ministra Boggio debería empezar por casa: explicar cómo se justifica financiar una "corte paralela" con sueldos de privilegio mientras se utiliza la indignación popular para erosionar la independencia de un poder que, por ley, no debería estar atado al humor del gobernador de turno.