Santa Cruz ha sido, histricamente, un laboratorio poltico para las fuerzas de seguridad en Argentina. Mientras que en el resto del pas el sindicalismo policial es un tab o una batalla judicial irresuelta, esta provincia fue pionera al institucionalizar la Asociacin Policial.
Sin embargo, la actual convocatoria de Ramn Quipildor y Mario Monsalvo pone de manifiesto una realidad incmoda: tener un sindicato no garantiza, necesariamente, tener representacin.
El desgaste de la institucionalidad
El malestar que recorre las comisaras, desde Ro Gallegos hasta la Zona Norte, no es solo por el salario; es por la identidad. La Asociacin Policial, nacida para ser el escudo de los trabajadores de uniforme, es percibida hoy por gran parte de la base como una estructura burocrtica ms, cercana a los despachos gubernamentales y alejada del "barro" de la realidad operativa.
Cuando el canal institucional falla o se vuelve complaciente, la base recurre a la memoria. All es donde las figuras de Quipildor y Monsalvo cobran una relevancia estratgica. Su peso no reside en un cargo formal actual, sino en el prestigio histrico de 2012. Para el efectivo que hoy no llega a fin de mes, ellos representan una poca donde el reclamo tena voz propia y resultados palpables, sin las ataduras de los compromisos polticos que hoy se le achacan a la Asociacin.
Por qu falla el modelo?
La crisis de representacin en Santa Cruz nos permite observar tres fenmenos crticos, la "Burocratizacin" del reclamo donde la Asociacin parece haber cado en la trampa de la formalidad, donde las mesas de dilogo se vuelven protocolares y pierden la capacidad de presin que exige una inflacin descontrolada.
Por otro lado, la adhesin masiva del flanco Norte a los referentes autoconvocados evidencia que la estructura sindical oficial ha perdido territorialidad y en una fuerza verticalista, la sospecha de que la conduccin gremial es funcional al empleador (el Estado) es letal para la legitimidad de cualquier dirigente.
Un mensaje para el Gobierno
El regreso de los protagonistas de 2012 debera encender las alarmas en Casa de Gobierno. No estn lidiando con improvisados, sino con lderes que saben cmo se mueve la fuerza cuando se siente acorralada. La asamblea de maana no es solo una reunin salarial; es un voto de censura a la representacin actual y el posible nacimiento de un nuevo frente de conflicto que, como ya ocurri hace ms de una dcada, no se detendr fcilmente ante promesas de largo plazo.