El regreso
Sábado, 7 de febrero de 2026
La paradoja del sindicalismo policial y el retorno de los "referentes de la calle"
Cuando las instituciones fallan, la historia vuelve a las calles. Ante el vacío de representación de la Asociación Policial, Ramón Quipildor y Mario Monsalvo —líderes del histórico 2012— retoman la voz de mando en una asamblea que pone en jaque la paz social del Gobierno santacruceño.
Santa Cruz ha sido, históricamente, un laboratorio político para las fuerzas de seguridad en Argentina. Mientras que en el resto del país el sindicalismo policial es un tabú o una batalla judicial irresuelta, esta provincia fue pionera al institucionalizar la Asociación Policial.

Sin embargo, la actual convocatoria de Ramón Quipildor y Mario Monsalvo pone de manifiesto una realidad incómoda: tener un sindicato no garantiza, necesariamente, tener representación.

El desgaste de la institucionalidad
El malestar que recorre las comisarías, desde Río Gallegos hasta la Zona Norte, no es solo por el salario; es por la identidad. La Asociación Policial, nacida para ser el escudo de los trabajadores de uniforme, es percibida hoy por gran parte de la base como una estructura burocrática más, cercana a los despachos gubernamentales y alejada del "barro" de la realidad operativa.

Cuando el canal institucional falla o se vuelve complaciente, la base recurre a la memoria. Allí es donde las figuras de Quipildor y Monsalvo cobran una relevancia estratégica. Su peso no reside en un cargo formal actual, sino en el prestigio histórico de 2012. Para el efectivo que hoy no llega a fin de mes, ellos representan una época donde el reclamo tenía voz propia y resultados palpables, sin las ataduras de los compromisos políticos que hoy se le achacan a la Asociación.

¿Por qué falla el modelo?
La crisis de representación en Santa Cruz nos permite observar tres fenómenos críticos, la "Burocratización" del reclamo donde la Asociación parece haber caído en la trampa de la formalidad, donde las mesas de diálogo se vuelven protocolares y pierden la capacidad de presión que exige una inflación descontrolada.

Por otro lado, la adhesión masiva del flanco Norte a los referentes autoconvocados evidencia que la estructura sindical oficial ha perdido territorialidad y en una fuerza verticalista, la sospecha de que la conducción gremial es funcional al empleador (el Estado) es letal para la legitimidad de cualquier dirigente.

Un mensaje para el Gobierno
El regreso de los protagonistas de 2012 debería encender las alarmas en Casa de Gobierno. No están lidiando con improvisados, sino con líderes que saben cómo se mueve la fuerza cuando se siente acorralada. La asamblea de mañana no es solo una reunión salarial; es un voto de censura a la representación actual y el posible nacimiento de un nuevo frente de conflicto que, como ya ocurrió hace más de una década, no se detendrá fácilmente ante promesas de largo plazo.
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