La paciencia se agotó y la estrategia cambió. Tras 60 días de sombras y pistas que no conducían a nada, el desembarco del Comisario Luis Poblete, con su comisión investigadora, en la zona norte ha funcionado como un sismo institucional. La orden es clara: reconstruir el caso García desde sus cimientos.
Hasta hoy, la desaparición de Mario García era tratada con una pasividad alarmante. Poblete no usó eufemismos para describir el panorama que encontró: "Tuvimos que empezar de cero". Esta confesión no solo es un punto de partida para su equipo, sino una bofetada a la instrucción previa, que permitió que dos meses de pruebas vitales se enfriaran.
La nueva hoja de ruta ha dejado de ser una búsqueda de paradero convencional para transformarse en una cacería técnica. "Vamos a investigar todo: núcleo familiar y laboral", sentenció el jefe de la comisión.
Operativos de saturación
Este lunes, Caleta Olivia fue testigo de una agresividad investigativa inédita en este caso. La Comisión Especial, con el apoyo de Criminalística, no fue a "preguntar", fue a incautar. El allanamiento a una remisería local no fue azaroso. Se buscaron —y se habrían hallado— elementos de interés que deben ser incorporados al expediente de forma inmediata.
El regreso a la casa de la víctima busca lo que la policía local no pudo o no supo ver: rastros biológicos y evidencia microscópica que el tiempo no ha podido borrar.
El factor tecnológico
Poblete juega al misterio por una razón táctica. Aunque el celular de García no está, el comisario confirmó que se están realizando "procedimientos técnicos" que no revelará para "no avivar a la gente". Esta guerra de nervios busca forzar el error de aquellos que creen que, por la falta del aparato físico, las comunicaciones han muerto. El secreto de sumario es hoy el escudo de una comisión que busca recuperar el tiempo perdido.
El llamado a romper el código de silencio
"La búsqueda tiene que ver con toda la sociedad", lanzó Poblete, en un intento por romper el "pacto de silencio" que suele reinar en las calles de la ciudad. El comisario sabe que alguien vio algo, y que el miedo es el único obstáculo entre la impunidad y la verdad.
Empatía con la familia, pero rigor absoluto con los sospechosos. A dos meses del inicio de la pesadilla, la pregunta ya no es solo dónde está García, sino quiénes intentaron ocultar la verdad durante 60 días de desidia policial. La verdad parece estar, finalmente, acorralada.