CONFLICTO POLICIAL EN SANTA CRUZ
Miércoles, 15 de julio de 2026
Fracasó la negociación de Prodromos y se sostiene el paro policial
La estrategia del Gobierno provincial de instalar un "retorno a la normalidad" chocó contra la resistencia en la Zona Norte. Los voceros rechazaron una promesa de decreto del Ejecutivo y ratificaron el quite de colaboración.
La cuerda se tensó al máximo en el conflicto que mantiene en vilo a la seguridad de Santa Cruz. En las últimas horas, la estrategia mediática del Ejecutivo provincial de instalar un supuesto fin de la medida de fuerza chocó de frente con la realidad de los acampes y las comisarías. A pesar de los partes oficiales que aseguraban que el personal policial estaba retornando a sus funciones tras la emisión de la polémica Resolución N.º 342/26, la resistencia en las bases se mantiene firme y sumó un nuevo capítulo que deja al descubierto la urgencia política del Gobierno.

Según confirmaron fuentes directas del conflicto a este medio, el propio Pedro Prodromos protagonizó un desesperado intento de negociación contrarreloj en la Zona Norte. El funcionario se presentó ante los voceros de la Mesa de Unidad Policial y Penitenciaria (MUPP) con un planteo urgente: solicitó el levantamiento inmediato del quite de colaboración esa misma noche, bajo la promesa de que el gobernador firmaría al día siguiente un decreto con una oferta salarial superadora.

Sin embargo, la jugada del Ejecutivo terminó en un rotundo fracaso político. La respuesta que bajó de manera unánime desde la suboficialidad y la tropa en los sectores más combativos —con Caleta Olivia, Pico Truncado y Las Heras a la cabeza— fue un "no" tajante. Las bases sepultaron la propuesta informal bajo una premisa histórica de la región: "Se acuerda con todos o con ninguno".

La caída del relato oficial
La negativa orgánica del personal policial no solo desarticuló la negociación nocturna, sino que además dejó en evidencia tres factores críticos que reconfiguran el escenario institucional

Quiebre de la confianza: La base policial, tras más de 40 días de acampe y medidas de fuerza, rechazó de plano deponer su postura a cambio de promesas diferidas. La exigencia se mantiene inalterable: los números deben estar asentados en el papel y con alcance general antes de evaluar cualquier cese de la protesta.

Desgaste de la autoridad política
Que las máximas autoridades del área deban recurrir a gestiones informales de madrugada para pedir una tregua, y que estas sean rechazadas de forma directa por la tropa, expone una severa erosión en la cadena de mandos y en la conducción política de la fuerza.

El efecto búmeran del discurso público
La insistencia de los canales oficiales por difundir que la policía ya prestaba servicios normales operó como un combustible para el malestar. Lejos de desgastar la moral de los efectivos, abroqueló a la infantería, el comando y las dependencias del norte santacruceño, que ven en la firmeza del reclamo la única vía para no quedar por debajo de la línea de la canasta básica.

Un escenario en encerrona
Con la máscara oficial caída y las medidas de fuerza sosteniéndose con mayor intensidad en las principales localidades del norte y en el acampe central, el Ejecutivo provincial se encuentra en una encrucijada compleja. Habiendo fallado tanto la vía de la imposición por resolución —que incluía amenazas de descuentos por "días no trabajados" y sumarios administrativos— como la de la negociación exprés de pasillo, los márgenes de maniobra se reducen. Foto: Pasa En Calafate
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