La investigación por el asesinato de Nelson Ariel Romero sumó un hito judicial fundamental. Los jueces de la Cámara en lo Criminal y Correccional de la Primera Circunscripción Judicial expusieron los fundamentos de su sentencia, en los que desestimaron de plano la coartada de la defensa y condenaron a José Daniel Cabrera a la pena de prisión perpetua por su responsabilidad directa en la ejecución del empresario, el traslado del cadáver y el apoderamiento de sus bienes.
El caso, que conmocionó a la provincia, comenzó con la repentina desaparición de Romero. Sin embargo, el entrecruzamiento de cinco líneas de investigación independientes —cámaras de seguridad, pericias biológicas, rastreo patrimonial, geolocalización telefónica y secuestros de elementos— terminó convergiendo de manera irrefutable en la figura del imputado.
La reconstrucción del crimen
La cronología de los hechos se inició cuando Cabrera abordó la camioneta Ford Ranger de Romero tras una breve detención en la vía pública. Minutos después, al arribar al Barrio Forestal, se produjo la agresión mortal dentro del habitáculo: las cámaras registraron el momento en que el imputado pasó al lugar del conductor tras observarse destellos y movimientos sospechosos, sin que la víctima volviera a descender.
Inmediatamente después del ataque, comenzó la etapa de ocultamiento. Para impedir la visión hacia el interior durante los desplazamientos, las ventanillas del rodado fueron cubiertas desde el interior con bolsas negras fijadas con cinta plateada. En ese trayecto, el cuerpo de Romero fue trasladado y semienterrado en una zona periférica de suelo removido, mientras que su mascota fue descartada en coincidencia con el recorrido del vehículo. Finalmente, el imputado consumó la usurpación de los bienes al apoderarse de los documentos, joyas y tarjetas de la víctima, utilizándolas para realizar compras personales antes de retomar sus actividades habituales.
Las pruebas biológicas y patrimoniales
El dato científico: El perfil genético de Romero fue hallado en prendas de Cabrera, en la llave del vehículo, en la cinta adhesiva y en el guardamonte y riel de la pistola Bersa incautada al acusado.
A las evidencias de ADN se sumaron la localización de una pala plegable con barro en la vivienda de Cabrera —coincidente con la zona donde el cuerpo fue hallado semienterrado— y el secuestro de pertenencias de la víctima.
Además, la investigación probó que Cabrera utilizó la tarjeta de crédito de Romero para comprar un iPhone a través de Mercado Libre, el cual se hizo entregar en el Regimiento donde prestaba servicio.
Los fundamentos de la condena a perpetua
Al fundamentar la sentencia a prisión perpetua, los jueces de la Cámara concluyeron que la acumulación de indicios destruye cualquier hipótesis de «coincidencia» o «hallazgo casual» sostenida por la defensa.
En sus fundamentos, el tribunal remarcó que pretender la ajenidad de Cabrera exigiría aceptar una suma imposible de casualidades fortuitas: que caminó hacia donde se detuvo la camioneta, que asumió el control del vehículo justo tras el ataque, que obtuvo los documentos y tarjetas de la víctima, que tenía su sangre en ropa y armas, y que guardaba en su casa la herramienta utilizada para sepultar el cadáver.
Por todo ello, los magistrados determinaron que la certeza probatoria sobre la intervención de Cabrera en la ejecución y en las maniobras de ocultamiento es absoluta, justificando la imposición de la pena máxima de nuestro código penal.