El lunes por la mañana en Río Gallegos no fue uno más. El frío característico de la zona se vio interrumpido por el estruendo de los bombos y el eco de los reclamos salariales frente al Tribunal Superior de Justicia. Sin embargo, entre banderas y cánticos, la nota del día la dio un incidente vial que paralizó los corazones de los presentes por unos segundos.
En la intersección de la Avenida Kirchner y Chacabuco, donde el tránsito se veía interrumpido por la movilización, una camioneta decidió que las reglas de la calle —o al menos las de la protesta— no aplicaban para ella. El vehículo avanzó decididamente con la intención de cruzar por la avenida principal, a pesar de que el paso estaba claramente bloqueado por los manifestantes.
Gritos y frenada a tiempo
La reacción de los trabajadores fue inmediata. Lo que era un reclamo ordenado se transformó en un coro de gritos de indignación ante lo que calificaron como un "accionar irresponsable". Los manifestantes se plantaron frente a la trompa del vehículo, señalando el peligro que representaba avanzar sobre la gente.
Tras unos instantes de incertidumbre y miradas desafiantes a través del parabrisas, la sensatez terminó ganando la partida. El conductor, al verse rodeado por el malestar general y advertir que no había margen para el avance, detuvo la marcha.
Camino alternativo
Finalmente, y con los ánimos todavía caldeados, el conductor dio marcha atrás en su intención original y, al igual que el resto de los mortales esa mañana, aceptó el desvío. Prosiguió su marcha por la calle Chacabuco, dejando atrás el sonido de los redoblantes que, tras el incidente, parecieron sonar con un poco más de fuerza.
Un recordatorio más de que, en días de conflicto social, la paciencia al volante es tan necesaria como la paritaria misma.