La aparente desaceleración de los precios en el último mes, reflejada en el informe mensual de CELSO, no fue recibida con optimismo en el Palacio Municipal. El dato, que marca un índice del 2,9%, se da en un contexto de profunda recesión que afecta particularmente a las economías regionales y al consumo interno en Santa Cruz.
Apenas se difundieron las cifras, el intendente de la capital santacruceña, Pablo Grasso, utilizó sus redes sociales para sentar posición y relativizar el éxito del número oficial. Con un mensaje cargado de ironía y crítica social, el jefe comunal puso el foco en el costo humano detrás de la planilla de cálculos.
"No era magia, era sufrimiento"
A través de su cuenta oficial en la red social X, Grasso fue tajante al evaluar la gestión económica actual: “Inflación del 2,9%. Después de tanto ajuste, tarifazos y bolsillos flacos… resulta que no era magia, era sufrimiento”, disparó el intendente.
Para el mandatario riogalleguense, la reducción del índice inflacionario es una consecuencia directa del enfriamiento de la economía y no de un plan de crecimiento sustentable. “Tanto esfuerzo para llegar a un número que no le cambia la vida a nadie”, sentenció, haciendo referencia a que la baja porcentual no se traduce en un alivio real frente a los altos costos de los servicios y la canasta básica en el sur del país.
El informe de CELSO
El documento del centro de estudios que disparó el debate detalla un comportamiento dispar en los precios. Si bien la cifra del 2,9% representa una de las más bajas en los últimos periodos analizados, el informe advierte que los rubros de tarifas de servicios públicos y alquileres siguen siendo el motor de presión sobre el salario real, especialmente en zonas frías como Río Gallegos.
Expertos locales coinciden con la visión del municipio en un punto: la baja en el consumo de alimentos y medicamentos habría sido un factor determinante para "pisar" los precios de góndola, pero a un costo social elevado.
Un escenario complejo
La postura de Grasso no es aislada. Se da en un marco de constantes reclamos por los recortes en transferencias nacionales y la paralización de la obra pública en la provincia. Con el "bolsillo flaco" como eje de su discurso, el intendente busca evidenciar que, aunque la inflación baje en los papeles, la capacidad de compra de los vecinos de Río Gallegos sigue en niveles críticos.
La nota cierra un capítulo de tensión política donde los datos estadísticos chocan de frente con la realidad territorial, en una ciudad que sigue sintiendo el impacto de los tarifazos energéticos y la falta de reactivación económica.