La cartera de Seguridad de Santa Cruz se ha convertido, en los últimos meses, en uno de los puntos más vulnerables del gabinete provincial. Pedro Prodromos, quien asumió con el respaldo del gobernador Claudio Vidal, enfrenta hoy un desgaste prematuro debido a una serie de fallas en la cadena de mando y una serie de episodios que pusieron en duda su capacidad para dirigir a la Policía de la Provincia.
La brecha entre el discurso y la realidad
Desde el inicio de su gestión, Prodromos intentó imponer un estilo de "mano dura" y presencia mediática. Sin embargo, este enfoque ha chocado repetidamente con la realidad operativa de los efectivos. Fuentes internas de la fuerza señalan una falta de conducción técnica, donde las directivas ministeriales suelen ser percibidas como improvisadas o desconectadas de las necesidades logísticas de las comisarías santacruceñas.
Los traspiés de una permanencia inestable
A lo largo de su cargo, el ministro ha acumulado diversos episodios que han minado su autoridad:
Conflictos salariales y retención de servicios: El descontento por las condiciones de trabajo y los salarios ha derivado en reclamos que el Ministerio no supo desactivar a tiempo, tensando la relación con el personal subalterno.
Fallas en la prevención: El incremento de hechos delictivos en centros urbanos como Río Gallegos y Caleta Olivia ha expuesto la ineficacia de los planes preventivos diseñados desde el ministerio.
Exposición mediática contraproducente: Diversas intervenciones públicas del ministro fueron calificadas como "desacertadas", especialmente aquellas donde se intentó responsabilizar a mandos medios por fallas que, según el arco político opositor, son de índole política y estratégica.
Una conducción cuestionada
La mayor falencia que se le adjudica a Prodromos es la pérdida de la "verticalidad" jerárquica. La policía es una institución que se basa en la disciplina y la confianza en sus jefes; cuando el ministro de turno es visto más como un actor político que como un estratega de seguridad, esa estructura se debilita.
Los reiterados cambios en las cúpulas y la falta de un plan integral de seguridad ciudadana han dejado a la Policía de Santa Cruz en un estado de incertidumbre. Para muchos analistas, los "traspiés" no son hechos aislados, sino el síntoma de una gestión que no logra dar con el diagnóstico correcto para una provincia con una geografía y una problemática social cada vez más compleja.
El debate sobre su continuidad parece estar instalado no solo en la opinión pública, sino en los pasillos de las mismas dependencias policiales, donde el "orden" prometido sigue siendo una cuenta pendiente.