La capital santacruceña atraviesa un escenario crítico en materia de infraestructura policial. Lo que comenzó como una preocupante falta de insumos básicos ha escalado hasta afectar el canal de comunicación directo entre la fuerza y la ciudadanía: el corte de las líneas telefónicas de servicio.
El silencio de los celulares de guardia
En las últimas horas se confirmó que los dispositivos móviles asignados a las dependencias de Río Gallegos quedaron fuera de servicio. Esta medida no solo afecta la logística interna, sino que rompe el vínculo preventivo con la comunidad. Actualmente, gran parte de la vigilancia barrial se coordina mediante grupos de mensajería con vecinos; sin línea activa, esa red de respuesta inmediata ha quedado neutralizada.
"Es el vecino quien hoy queda desprotegido. Los grupos de WhatsApp eran la vía más rápida antes de que un delito se consume", señalan fuentes cercanas a las dependencias.
Una operatividad sostenida por los efectivos
La precariedad no es nueva, pero se ha profundizado. La falta de elementos mínimos para la gestión administrativa y el patrullaje dibuja un panorama complejo:
Administración paralizada: El faltante de resmas de papel y tóner obliga, en muchos casos, a retrasar trámites ciudadanos básicos y la impresión de constancias legales.
Patrullajes "particulares": Ante la escasez de móviles oficiales operativos, son los propios efectivos quienes, en situaciones de urgencia, terminan utilizando sus vehículos personales para acudir a los llamados de la población.
Corte de cadena de mando: La falta de telefonía también dificulta la comunicación obligatoria con los Juzgados de Instrucción, un paso legal indispensable cuando se interviene en la escena de un hecho delictivo.