En una demostración de contundencia operativa e inteligencia criminal, las fuerzas de seguridad provincial asestaron un golpe devastador a las estructuras del crimen organizado que pretendían echar raíces en el sudoeste santacruceño.
Tras más de medio año de complejas tareas de seguimiento, escuchas y recolección de pruebas, investigadores de Narcocriminalidad y de la DDI ejecutaron el operativo “Lazos de Sangre”, una incursión táctica que desmanteló por completo una red familiar dedicada al tráfico, fraccionamiento y comercialización de sustancias estupefacientes a gran escala.
La causa, instruida bajo la órbita de la Unidad Fiscal de Río Gallegos —a cargo de forma interina del fiscal Dr. Julio César Zárate—, cobró impulso decisivo cuando los investigadores de El Calafate lograron documentar el modus operandi del clan.
La organización, comandada de manera jerárquica por integrantes de una familia de nacionalidad uruguaya, articulaba un aceitado circuito de distribución que combinaba la venta al menudeo en puntos fijos ("kioscos") con un dinámico sistema de entrega a domicilio ("delivery") apoyado por una variada flota de vehículos adaptados para eludir el radar policial.
Minutos antes de la medianoche, con las órdenes de irrupción firmadas por la Sede Judicial competente, las fuerzas irrumpieron de manera simultánea en tres objetivos estratégicos de la villa turística.
El procedimiento más dramático se registró en un complejo de departamentos de la zona alta: al forzar el ingreso, los efectivos sorprendieron de manera infraganti a la matriarca del clan, una mujer de 40 años, en pleno proceso de fraccionamiento de la droga sobre la mesa principal. En el mismo inmueble fue neutralizado su hijo, de 19 años.
De forma coordinada, otro escuadrón irrumpió en una finca de la calle De las Acacias al 3000, donde se logró la aprehensión de una mujer de 65 años y un sujeto de 30, presuntos eslabones logísticos de la banda. Un tercer registro se llevó a cabo en un inmueble deshabitado sobre la céntrica Avenida del Libertador, utilizado aparentemente como depósito o punto de paso transitorio.
La tenaza judicial y policial se cerró a cientos de kilómetros de allí. En un movimiento táctico coordinado por la División Investigaciones y Narcocriminalidad Isla Pavón, los agentes interceptaron en los accesos a la localidad de Comandante Luis Piedra Buena a otros miembros clave de la estructura criminal, logrando su inmediata detención y el secuestro de una camioneta Volkswagen Amarok que servía como vector de abastecimiento interurbano.
El balance de las requisas reflejó el nivel de sofisticación y poder económico alcanzado por la red. La policía incautó más de un kilo de cocaína de alta pureza y cerca de 300 gramos de marihuana, todo debidamente embalado y acondicionado en dosis listas para el mercado ilícito.
Asimismo, se decomisaron cuatro vehículos, balanzas de precisión, insumos para el estiramiento de la droga, municiones de diversos calibres, una réplica de arma de fuego de puño, sistemas cerrados de videovigilancia que custodiaban los perímetros y posnets inalámbricos destinados a concretar cobros mediante plataformas digitales.
Por orden estricta de la Justicia Federal, los integrantes de la familia uruguaya quedaron alojados en celdas policiales en carácter de incomunicados, imputados por infracción a la Ley de estupefacientes 23.737 a la espera de ser trasladados para prestar declaración indagatoria.