Mientras el inventario de las diez armas de fuego y las cajas de municiones de punta hueca —valuado en once millones de pesos— permanece en poder del mercado negro, la investigación judicial y policial que instruye la División Comisaría Primera junto al Juzgado de Instrucción Nro. Uno experimenta un viraje técnico fundamental.
Los peritos de la División Gabinete Criminalístico y la policía no solo profundizan en la precisión del ingreso al local “Kau Camping”, sino que han puesto bajo la lupa los protocolos y las respuestas de la firma de seguridad privada, cuyas alertas tempranas durante la madrugada abren un interrogante inquietante sobre la sincronización del robo.
Inteligencia previa y vulnerabilidad
El análisis de la escena del crimen desnudó que el golpe no fue improvisado. Los delincuentes demostraron un conocimiento milimétrico de la topografía del comercio emplazado en la Avenida San Martín Nro. 472. La elección del sector posterior —requiriendo el escalamiento de los muros de contención del predio, la violencia sobre las rejas y el cristal de una ventana trasera, y el sigiloso destape de un hueco estructural que se hallaba obturado con cartones— evidencia que la banda operó con una hoja de ruta clara, eludiendo los flancos de mayor exposición pública y filtrándose de manera directa hacia las vitrinas donde descansaban las piezas de puño.
Las tres alertas
Uno de los ejes más delicados sobre los que avanza el sumario judicial radica en el rol de la empresa de vigilancia privada. Los registros aportados por el propio comerciante, confirman que los sistemas de seguridad emitieron señales de movimiento en momentos críticos de la madrugada: a las 00:41, a las 04:42 y a las 05:36 horas.
Sin embargo, los operadores y móviles de la firma se habrían limitado a realizar un chequeo visual de la fachada principal sobre la avenida San Martín. Al constatar la persiana baja y la aparente normalidad frontal, el personal se retiró —enviando una fotografía estática al propietario, quien no respondió por encontrarse descansando— sin realizar una inspección perimetral del pulmón de manzana o verificar el sector posterior de los techos y aberturas secundarias. Los investigadores analizan ahora si, al momento de esas inspecciones superficiales, los delincuentes ya se encontraban en el interior revolviendo el salón o si las alertas coincidieron exactamente con los momentos de fractura y escape, abriendo un severo debate sobre la eficacia de los protocolos de respuesta nocturna.
El rastro balístico en alerta roja
Con el expediente caratulado formalmente como “ROBO AGRAVADO POR ESCALAMIENTO” bajo la subrogancia de la jueza Yamila Bórquez y la secretaría de Soledad Díaz Román, la prioridad absoluta de la fuerza de seguridad es neutralizar la circulación de los equipos sustraídos.
El listado completo con los números de serie y los códigos CUIM de cada pistola —incluyendo las unidades Bersa Thunder 380 Combat Plus, TPR9C, BP9CC y TPR9, sumado a los revólveres de doble acción Taurus 82 y 96— fue girado de inmediato a las distintas dependencias operativas y puestos camineros de la región.
La preocupación institucional es extrema: la presencia de un centenar de proyectiles de punta hueca y armamento de grueso calibre en manos clandestinas representa una amenaza latente para la seguridad pública. Mientras se rastrean las cámaras de seguridad públicas y privadas del sector céntrico en busca de vehículos de apoyo o sospechosos, la causa entra en horas decisivas para cortar el circuito de reventa antes de que las armas de fuego comiencen a escribir capítulos irreversibles en las calles de la capital santacruceña.