Hay dolores que desafían cualquier forma de consuelo, heridas que no cicatrizan y que se profundizan cuando el Estado, en lugar de cobijar el duelo, parece agregar peso a la cruz de los que quedan. En los estudios de Radio Urbana 94.1, durante la emisión de La Otra Mirada, el aire se llenó de una profunda humanidad al escuchar la voz firme de Gabriela, madre de Gimena Extremador, la joven brutalmente asesinada en las locaciones de Las Heras.
Detrás de cada expediente judicial, de cada formalidad técnica y de cada despacho de tribunales, late la vida quebrada de una familia entera. Con la vulnerabilidad de quien transita la pérdida más incomprensible, Gabriela puso en palabras el desamparo de tener que salir a suplicar lo que por derecho elemental debería estar resuelto: «Una familia entera está destruida por la pérdida y, aun así, tenemos que salir a pedir, a rogar y a suplicar que no suelten a este femicida, cuando la justicia ya tendría que haberlo resuelto hace rato».
El laberinto procesal y la angustia de la espera
El camino hacia la verdad ha estado plagado de tropiezos institucionales que duelen tanto como el silencio. Tras gestiones presenciales realizadas por los seres queridos y la querella ante la Cámara en lo Criminal de Caleta Olivia, el panorama sigue envuelto en una tensa incertidumbre.
Los jueces y secretarios del tribunal recibieron a la familia para explicarles que el legajo se encuentra bajo una exhaustiva revisión para evitar nulidades. Sin embargo, cada retroceso del expediente —volvió dos veces hacia atrás por deficiencias originadas en la fiscalía de Las Heras— se traduce para los familiares en un golpe anímico devastador, dilatando el momento de la sentencia.
La posibilidad de que el imputado, actualmente alojado en la comisaría de Las Heras, reciba el beneficio de un arresto domiciliario al vencerse las prórrogas actuales entre noviembre y diciembre multiplica el desconcierto y el miedo en el entorno de Gimena.
Explicando el motivo por el cual el proceso se ha retrasado tanto y las fallas de origen que obligaron a revisar todo el expediente, Gabriela detalló con claridad: «El juez nos explicó que, como el expediente había estado mal armado, tuvieron que volverlo para atrás. Volvió a Caleta en agosto y, en poco tiempo, encontraron otra anomalía. Ahora están revisando todo el expediente con extremo cuidado para que esté perfecto, porque no puede haber fallas».
Un grito de amor y memoria que no se resigna
Para los hijos de Gimena, para su madre y para una comunidad entera que acompaña el pulso de este reclamo, la espera se vuelve un ejercicio agónico. Mientras los abogados ultiman los detalles técnicos de cara a la definición que se conocerá el próximo lunes, el miedo a que el tiempo juegue a favor de la impunidad mantiene a la familia en alerta permanente.
En esa línea de lucha incesante, durante la jornada de hoy se llevó a cabo una importante movilización en las calles para visibilizar el reclamo y exigir que la justicia actúe con firmeza.
Con la templanza de quien sostiene el amor por su hija y sus nietos por encima de todo, Gabriela resumió el sentimiento de indignación ante la posibilidad de que el acusado espere el juicio en su hogar: «¿Por qué uno tiene que pasar por esto? Nuestra familia entera está destrozada por la pérdida y, aun así, tenemos que salir a rogar que no liberen a este sujeto».
Y cerró con profunda desazón, advirtiendo sobre el peligro de las dilaciones procesales: «Siento que le están dando una oportunidad para que se de a la fuga o haga otra cosa. La verdad no entiendo a la justicia, pero nos toca tener paciencia».