Entre el frío y la dignidad
Jueves, 25 de junio de 2026
Las dolorosas postales del hambre en la carpa de los policías autoconvocados
Con lágrimas en los ojos, efectivos retirados y activos que sostienen la protesta frente a la Jefatura le confesaron a tnriogallegos la crudeza de una realidad que desmiente cualquier interna política. "Esto es hambre, no nos alcanza", aseguran mientras se refugian en la olla popular.
Detrás de los números de acatamiento, los expedientes que van y vienen por los despachos oficiales y el despliegue de las fuerzas federales para custodiar la zona céntrica, hay una realidad humana y desgarradora que se vive minuto a minuto en la carpa de la Mesa de Unidad Policial y Penitenciaria (M.U.P.P.). Allí, donde el frío de Río Gallegos cala hondo, el verdadero motor de la protesta ya no es una simple discusión de porcentajes paritarios: es la urgencia de llevar un plato de comida a la mesa.

En una recorrida de tnriogallegos por el acampe, los uniformados y jubilados de la fuerza provincial abrieron su corazón y expusieron el lado más doloroso de una crisis salarial que golpea con crueldad a las familias policiales. Las frases, cargadas de angustia, quiebran cualquier intento de maquillar el conflicto.

"Me gustaría estar con mis nietos"
Para quienes dedicaron su vida entera a cuidar a los ciudadanos de Santa Cruz, tener que pasar sus días refugiados en una estructura de lona y madera es una humillación que aceptan con resignación pero con profunda tristeza.

"Nosotros no tenemos que estar acá, pero sinceramente no nos alcanza. A mí me gustaría estar en mi casa con mi nietos", confesó a este medio uno de los policías retirados, reflejando el cansancio de tener que seguir peleando en la calle cuando ya debería estar gozando del descanso y la familia.

El desamparo es tal que, paradójicamente, la carpa de protesta se ha convertido en un búnker de supervivencia para muchos efectivos que hoy no tienen garantizado el sustento diario en sus propios hogares.

La carpa como refugio contra el hambre
La solidaridad entre los autoconvocados es lo que sostiene en pie la medida de fuerza, al punto de que la olla popular que allí funciona suple las falencias que el sueldo ya no cubre. Otro de los retirados, con lágrimas en los ojos que reflejaban una dignidad herida, conmovió a todos con su testimonio:

"Sabés cómo vamos a extrañar la carpa cuando logremos arreglar... Hay muchos que no comían las cuatro comidas del día; acá estamos alimentados, las mujeres nos cocinan".

A unos metros, otro efectivo refrendó la misma y dura realidad en pocas palabras: "Acá por lo menos comemos". La cruda admisión de que el espacio de protesta ofrece una regularidad alimentaria que la inflación y los sueldos congelados les quitaron en sus casas es el síntoma más claro de la gravedad del conflicto.

"Esto no es político, esto es hambre"
Entre los manifestantes se repite una pregunta constante, dirigida directamente al despacho principal de la provincia: "¿Qué pensará este hombre?", lanzan haciendo clara referencia al gobernador Claudio Vidal.

Los policías son tajantes a la hora de separar el reclamo de cualquier especulación partidaria: "Esto no es político, esto es hambre. No nos alcanza". El panorama que describen puertas adentro de la fuerza es desesperante y afecta el futuro de los más chicos. Hoy, la realidad de las bases muestra situaciones extremas: tienen pibes en la policía que no mandan a sus hijos a la escuela porque directamente no tienen qué darle para comer.

A esto se suma la desesperación habitacional que carcome los ingresos de la familia policial en Río Gallegos. Muchos otros han tenido que dejar de pagar el alquiler para usar ese dinero exclusivamente para comer, quedando a un paso del desalojo con tal de que sus hijos tengan un plato sobre la mesa.

Mientras las autoridades dilatan las respuestas y buscan encasillar el reclamo en una pulseada de poder, en la carpa de los autoconvocados el debate es mucho más primario y urgente. No se trata de política; se trata, sencillamente, de poder subsistir.
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