Minutos después de las 15:00 horas, la tranquilidad del Barrio APAP se vio interrumpida por un operativo de gran magnitud. En la intersección de Jaramillo y Antonio Rivero, la División Comisaría Tercera puso en marcha el protocolo de intervención en crisis tras confirmarse que un vecino se había encerrado en su vivienda portando armamento.
Un trabajo de precisión psicológica y táctica
La intervención no fue azarosa; se rigió por un esquema de anillos de seguridad y la intervención de profesionales especializados. El Equipo de Negociación, compuesto por un mediador policial y una licenciada en psicología, lideró el contacto verbal durante 180 minutos.
A medida que avanzaba la tarde, se consolidaron datos vitales para el Comité de Crisis, el perfil del involucrado, se trataba de un hombre de 38 años con atención reciente en el área de Salud Mental del Hospital Regional y el riesgo inminente, se confirmó la presencia de armas de fuego en el lugar, las cuales pertenecían a su padre fallecido.
El uso de la fuerza no letal
Cerca de las 18:00 horas, y bajo la supervisión de la Comisario Milena Galeano (Jefa del Departamento Orden Urbano Zona Sur), se decidió ejecutar una resolución mediante negociación táctica.
Para asegurar el ingreso de los efectivos sin que se produjeran disparos ni heridos, el Equipo Táctico de Fuerzas Especiales empleó dispositivos de distracción. Estos elementos generaron ruidos similares a explosiones que alarmaron a los transeúntes, pero la Jefatura fue tajante al aclarar que no hubo disparos de fuego real ni personas lesionadas durante la maniobra.
Desenlace y asistencia médica
El operativo concluyó con el hombre bajo custodia, pero con su integridad física intacta. Fue trasladado de inmediato al nosocomio local bajo las garantías de la Ley de Salud Mental, donde permanece recibiendo el tratamiento adecuado.
PH: @Kaiser.9K